El martes 12 de marzo de 2019, nuestro equipo de Depaul Francia tuvo el honor de recibir en sus instalaciones al Padre General, Tomaž Mavrič cm. Voluntarios representando las diferentes ramas de la Familia Vicenciana y los acogidos de la asociación se reunieron para esta visita, que permitió al padre Tomaž conocer mejor la realidad de las personas que viven en gran precariedad en las calles de Paris, y los servicios proporcionados por Depaul. Nuestro Centro de Día «Accueil Périchaux», situado en la casa de las Hijas de la Caridad, en el distrito XV, acaba de celebrar sus tres años y medio de existencia; durante ese tiempo, 456 personas han sido acogidas y se han beneficiado de los servicios de higiene y salud, de alivio, calor humano y orientación para salir de la situación de calle. También han podido vivir momentos especiales junto al equipo, a través de propuestas espirituales organizadas a lo largo del año.

El padre Tomaž estuvo acompañado por el padre Marcio Pena cm, actual presidente de la asociación. En la entrada fue recibido por Tomaž, que vive en la calle desde su llegada a Francia, hace tres años. Tomaž es uno de los cuatro acogidos por Depaul que llevó le corazón de san Vicente de Paúl en procesión, durante la peregrinación del año pasado.

Tras la visita al Centro de Día, P Tomaž tuvo un diálogo con los presentes. Tras reconocer la hermosa colaboración que se realiza en este lugar, nos animó a continuar con nuestros esfuerzos colaborativos, cada rama vicenciana aportando su “color” distintivo, y nos invitó a encontrar nuestra vocación y camino de vida en nuestro servicio al prójimo, sin importar nuestra condición o misión. La visita se terminó con un tiempo social muy fraterno, y la bendición del Padre General.

Para Marta, voluntaria desde hace cinco meses en Depaul, la visita del padre Tomaž fue un momento de gracia. Y para Ibrahim, un acogido que acaba de obtener su carta de residencia francesa, y así poder encontrar un trabajo para tener la esperanza de salir de la calle, este encuentro fue algo extraordinario: “aportó alegría a mi vida”. Gracias, Padre Tomaž.

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