“¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron?”

Gn 6, 5-8; 7, 1-5. 10; Sal 28; Mc 8, 14-21.

Confiar en las personas a veces es difícil, pues el haber sido traicionado por alguien en quien depositabas tu confianza genera el sentimiento de desconfianza. Y en ocasiones nuestros ojos no ven, nuestros oídos no escuchan, tenemos la cabeza llena de proyectos, de ideas. Nos preocupamos por lo que nos pasa, por lo que tenemos que realizar; ponemos todo nuestro empeño para hacer las cosas con mucha responsabilidad, como si todo dependiera de nosotros y nuestras propias fuerzas. Y nos cansamos, y dudamos de que Jesús esté a nuestro lado.

En el evangelio de hoy Jesús se da cuenta de la desconfianza de los discípulos y comienza a cuestionarlos para que ellos mismos encuentren la respuesta a las preguntas. Les recuerda que la primera vez de la multiplicación de los panes recogieron doce canastos de pan, y en la segunda ocasión recogieron siete. Esto significa que ellos, los doce, son la Iglesia y el número siete es la perfección, es decir que no hay que preocuparse, él siempre será nuestro alimento, siempre estará presente en la Iglesia.

Confiemos. Jesús es el único que no defrauda, está siempre pendiente de nuestras necesidades.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Gladys López Pérez, hc

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