Jesús es el Hijo amado y el Ungido de Dios.  Su bautismo lo autentica como tal.  Y bautizará Jesús con Espíritu y fuego a todo aquel que crea en él.

Orando recibe Jesús el bautismo de conversión predicado por Juan.  Así se nos revela una vez más que se une él a nosotros seres humanos pecaminosos.  Pero al mismo tiempo queda manifestado también como el Hijo amado de Dios y el Siervo en quien Dios se complace.  Él es quien posee plenamente al Espíritu Santo y su fuerza.  Dios y hombre a la vez, Jesús es quien hace posible que haya unión íntima entre Dios y los hombres.

Además, quienes reciben el bautismo con Espíritu Santo y beben del fuego espiritual forman un solo cuerpo (1 Cor 12, 13).  Y no importa que sean de la raza, lengua, pueblo o nación que sea.  Pues Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que queda asombrado ante él y practica la justicia.

Y el bautismo de Jesús le hace tomar mayor conciencia de la unión entre él y Dios, por una parte, y entre él y los hombres, por otra parte.  A tal conciencia nos debe llevar asimismo nuestro bautismo, de modo que logremos tener la convicción de Etty Hillesum.  Es decir, ha de ser nuestra su creencia «de que la humanidad forma una cadena cuyos anillos han sido soldados unos con otros».  Tenemos que decir lo que ella:

Tengo el deber de vivir de la mejor manera y con la máxima convicción, hasta el último aliento.  Entonces, mi sucesor no tendrá que volver a comenzar desde el principio y con tantos esfuerzos.

Debemos dar a conocer, sí, la verdad de que nacemos todos «en deuda» con otros y estamos destinados a vivir «a favor» de otros.

Señor Jesús, por nuestro bautismo entramos en comunión contigo y con los demás.  Haz que nos alegremos con los alegres y lloremos con los que lloran, para que seamos verdaderos cristianos y hombres plenamente maduros (SV.ES XI:561).

13 Enero 2019
Bautismo del Señor (C)
Is 42, 1-4. 6-7; Hech 10, 34-38; Lc 3, 15-16. 21-22


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