Filp 1, 18-26; Sal 41; Lc 14, 1.7-11.
“Ven Espíritu Santo y permanece entre nosotros”
Hoy en día nos seguimos inclinando por una vida materialista y de consumo. Nos gusta mucho el dinero, la vestimenta de gran valor y las comodidades. Buscamos amigos de los que podemos obtener beneficios (palancas) o ser los principales en todo evento.
Frente al orgullo y los intereses personales, Jesús proclama que la humildad y la generosidad con los pobres son valores que debe vivir todo discípulo, comprometiendo su vida por el Reino de Dios.
Si la soberbia nos lleva a despreciar a los demás, es necesario que en nuestra vida tengamos bien metida la humildad y sencillez que Cristo nos enseña, ya que serán la humildad y la sencillez el camino más favorable para amarnos unos a otros como verdaderos hermanos: “nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13).
Del maestro, Cristo Jesús, aprendamos las actitudes propias de la vida del Reino de Dios: quien quiera entrar en él, ha de hacerse pequeño y no tener pretensiones de soberbia ni grandeza.
Que nuestra verdadera riqueza sea siempre Dios. “Mi alma te busca a ti, Dios mío” (Sal 41).
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Arturo García Fonseca, CM
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