Impresiones del simposio ‘Dar la bienvenida al forastero’
Roma, del 12 al 15 de octubre de 2017

Después de una inicial sesión de lluvia de ideas sobre “Roma y cómo continuar…”, en la que no podíamos dejar de hablar de nuestras experiencias, encuentros y nuevos planes, leí en un correo electrónico la solicitud de Vic Groetelaars, C.M., para escribir mis impresiones sobre el simposio ‘Dar la bienvenida al forastero’, al que asistimos en Roma en octubre de 2017. No es fácil. ¿Cómo puedo informar en unos pocos párrafos sobre el contenido y el impacto de un evento vicenciano, grandioso y global, integrado en una tradición en la que la mayoría de ustedes llevan mucho más tiempo que yo, y que saben mucho más sobre él que yo? Sin embargo, intentaré hacerlo. Me gustaría comenzar contándoles algo sobre mis primeros encuentro con Vicente.

Después de eso, abordaré algunos de los elementos del simposio que me impactaron personalmente.

Monsieur Vincent

Tal vez el comienzo de mi participación en el Movimiento Vicenciano radique en la película “Monsieur Vincent”, que habré visto al menos seis veces. Una película francesa de 1948, justo después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque algo anticuada para nuestro tiempo en términos de imagen y sonido, es una película impresionante que ciertamente puede resistir la prueba del tiempo. Al menos para mi. Cada vez que la veo me conmueve una escena diferente. Por ejemplo, una de las últimas escenas de la película en la que un niño pequeño, tropezando entre los escombros y el humo, abandona el campo de batalla de una guerra. En esa imagen de este niño solitario en ese paisaje desolado, me conmovió el pensamiento de que, después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, Francia necesitaba una vez más un símbolo de esperanza, coraje y fortaleza. Y por ese símbolo eligieron a Vicente de Paúl. Vicente, un antecesor, un compatriota, alguien que podría inspirar al pueblo cansado, herido y desilusionado con una perspectiva renovada.

Roma

El simposio mundial en Roma es un homenaje a Vicente de Paúl, quien comenzó su misión de caridad hace 400 años. Durante una visita a México en 2016, el Papa Francisco llamó a estos dos proyectos “coraje profético” y “compromiso social”. Después de años de deambular y buscar, seguidos por dos experiencias decisivas en 1617, Vicente organiza, desde una nueva fuente de inspiración, muchos nuevos proyectos sociales para hacer que el mundo sea un poco más justo, más social y más hermoso. Y muchas generaciones después de él hacen lo mismo. Ahora hay una Familia Vicenciana en el mundo, con más de 200 ramas diferentes, en 150 países, con un total de aproximadamente 2 millones de miembros que trabajan en favor de las personas desfavorecidas.

Registro

En el Leoniano, la casa de la Congregación de la Misión en la Via Pompeo Magno, los 9.500 participantes de 99 países se registraron para el simposio. Del mismo modo lo hicimos nosotros seis, de la Congregación de la Misión y del Centro Vincent de Paul en los Países Bajos. En la puerta de entrada, los jóvenes nos recibieron, obtuvimos los materiales para el simposio en bolsas de lino y una mujer amable nos mostró dónde tendrían lugar las deliberaciones de los sintetizadores. Era una multitud acogedora y alegre. De paso, saludamos a Joe Agostino CM, el gran organizador del simposio, a quien conocimos ampliamente durante su visita de trabajo a los Países Bajos, hace exactamente un año.

Simposio

El simposio tuvo lugar en PalaCavicchi, un edificio de conferencias en las afueras de Roma. Allí, tres de los seis grupos lingüísticos se dieron cita, incluido el inglés en el que participamos nosotros. No solo éramos participantes entusiastas, también estábamos allí con una tarea: Tjeu van Knippenberg CM y Peter Reijers estaban invitados a dar una presentación, Hetty Nieuwaard y Annette Reijers eran voluntarios y Harrie Jaspers CM era nuestra entusiasta defensora, ayudante y proveedora. Me pidieron que fuera un sintetizador del simposio. Eso es, como descubrí, alguien que es ‘los ojos y oídos’ del simposio: escuchando, captando señales de lo que está sucediendo, haciendo su propio informe y luego componiéndolo con los otros sintetizadores en un informe conjunto. Una tarea que asumí con amor y diligencia.

El simposio consistió de varias partes. Sin dudas habrá un informe o una carta de progreso, así que por ahora daré una impresión de tres partes del simposio que me han afectado personalmente.

1. ‘¿Cómo construir una casa común?’ Tjeu van Knippenberg CM y Peter Reijers

¿Cómo acercas más la parábola de una casa común donde la gente puede vivir en paz? Una tierra donde las personas no mueren de hambre sino que hay alimentos para todos. Una tierra donde las personas no están amenazadas por la sequía o la guerra, sino donde hay seguridad para todos. Un mundo donde las personas no están excluidas de la educación y el trabajo, sino donde todos tienen oportunidades de hacer algo con la vida. ¿Cómo haces eso? ¿Cómo superas las distancias y las diferencias, cómo superas el miedo y la indiferencia, de qué manera puedes conectar lo que está separado, pero que pertenece al mismo tiempo: pobre-rico, joven-viejo, norte-sur?

En la biografía de Vicente de Paúl de Louis Cognet encontré una breve descripción de las primeras misiones de Vicente. Movido por la desesperada e injusta pobreza de las personas en las áreas rurales, Vicente comenzó su primera misión en 1617 a Folleville y, después de regresar de Châtillon-les-Dombes, en 1618 a Villepreux. Vicente aplicó el mismo método en todas partes. Tres pasos. Primero, informar a la gente sobre importantes valores cristianos. Cognet no menciona cuáles, pero puedo imaginar que Vicente y sus compañeros hablaron de la fe y la justicia, del amor y el perdón, y de la liberación y la vocación. Luego invitaba a las personas a una confesión general, una acción que purifica toda la vida y que, al mismo tiempo, espera liberar a las personas de la confusión y la angustia espiritual, grande a veces, causada por una vida en estructuras sofocantes y opresivas. El tercer paso es establecer una organización benéfica en la que las personas trabajen juntas para recibir asistencia y atención pastoral cuando fuere necesario.

Para mí, este proceso de tres etapas de Vicente es el contenido central de la presentación de Tjeu y Peter. En lenguaje contemporáneo lo llaman: evangelizar, liberar y servir. Indiscutiblemente relevante desde 1617. Este proceso de tres etapas nos puede acercar a una casa común: solo al tomar conciencia podemos aprender a descubrir dónde está nuestra liberación, y una vez liberado, el deseo que surge de querer cooperar en la construcción de un mundo mejor. Vicente nos dio esta idea con sus primeras misiones populares.

2. ‘¿De aquí a dónde…?’ Dennis Holtschneider CM

¿A dónde queremos llegar con el Movimiento Vicenciano y cómo arribar allí? Como movimiento global vicenciano, ¿cómo podemos hacer una contribución significativa a la solución de los principales problemas sociales de nuestro tiempo, como son la pobreza, la guerra y la codicia económica? Dennis Holtschneider CM, ex presidente de la Universidad DePaul en Chicago y ahora líder de la federación católica de cuidado de la salud más grande de los Estados Unidos, reflexionó y elaboró en su presentación estas preguntas.

Su respuesta es tan simple como compleja: colaborar más, mejor y más inteligentemente. No deberíamos encerrarnos en organizaciones rígidas, sino que queremos ser un movimiento vivo. Vicente tampoco se atuvo rígidamente a los principios generales, sino que también pudo moverse con gran flexibilidad, según lo exigido por el trabajo. Un ejemplo: inicialmente, Vicente prefirió ver a sus sacerdotes trabajando como misioneros itinerantes en lugar de trabajar en un ministerio parroquial estable. El trabajo de formación espiritual y educación social era un proceso intensivo. Después de cada misión, los sacerdotes eran ‘libres’ para estudiar y prepararse para la próxima misión. Más tarde, sin embargo, Vicente vio que el trabajo para los sacerdotes misioneros que viajaban era duro y que podrían ser de mejor uso al servicio de un ministerio parroquial más regular. Por lo tanto, cambió de rumbo. El adagio: ser flexible, lidiar con las situaciones según lo exijan las circunstancias, atreverse a seguir adelante.

‘Juntos’ y ‘conectar’ son palabras clave. Vicente tenía ese talento especial. Pudo conectar a personas de todo tipo de orígenes: ancianos y jóvenes, religiosos y laicos, voluntarios y funcionarios, historiadores y políticos. También logró desarrollar nuevas formas de trabajo y organización, como el ‘Petite Méthode’ [el pequeño método] y las ‘Charités’ [las caridades]. Y constantemente se preocupaban por las personas, por quienes finalmente lo hizo todo: los pobres y los desfavorecidos de su tiempo. Supo inspirar a los corazones de todo tipo de personas a comprometerse activamente con los problemas de pobreza de su tiempo.

Lo mismo se puede decir del llamado de Dennis Holtschneider: desarrollar proyectos asociativos, donde se pueda trabajar junto con otros en los grandes objetivos sociales de nuestro tiempo, aprender en el camino y contar historias de sus éxitos y fracasos, sus experiencias y sus momentos de aprendizaje. En resumen, trabajar juntos, aprender unos de otros, crear una cultura narrativa vicenciana.

3. Globalización de la caridad. Encuentro con el Papa Francisco

El encuentro con el Papa Francisco fue el sábado. Ya desde muy temprano, bajo un deslumbrante sol de amanecida, estuvimos en lo alto de las escaleras de la Plaza de San Pedro. Pasarían horas antes de que llegase el Papa, pero con un programa de historias motivadoras, música vigorizante y encuentros interesantes, llegó rápido las 12 del mediodía. Una atmósfera animada y expectante se cirnió sobre la plaza con sus miles de personas, cuando el Papa Francisco llegó a la plaza donde todos llevaban su bufanda vicenciana amarilla en el cuello, en el pelo, en la muñeca o como una bandera en la mano.

En su saludo de bienvenida al Papa Francisco, el Superior General, Tomaž Mavric, habló sobre las ambiciones de la Familia Vicenciana: “globalizar la caridad hasta llegar a los rincones más remotos del mundo”. Presentó dos nuevas iniciativas globales: una iniciativa para combatir todo tipo de sinhogarismo y un festival de cine.

En su respuesta, el Papa expresó su gratitud por el carisma vicenciano. Lo resumío en tres pasos: cultivar nuestro ser interior mediante el silencio y la oración, creas espacio en nosotros mismos para los demás y luego salir al mundo y servir. Cuando se fue, dejó en la Plaza de San Pedro a una gran e inspirada familia.

Davantage

Ya de vuelta a los Países Bajos, me di cuenta de cuánto trabajo queda por hacer. Pobreza, refugiados, cambio climático. Una vez más, tengo que pensar en la película ‘Monsieur Vincent’. Y una vez más en una de las últimas escenas en las que Vicente habla con la ex Reina Ana de Austria, justo antes de su muerte. Ella le pregunta a Vicente que es lo que ve cuando recuerda su vida. Me hubiera encantado hacer más, mucho más, le dice Vicente. ‘Davantage’. Lo entiendo.

Autor: Marieke van de Ven
Centro Paul Center de Países Bajos – Centro de Espiritualidad Social


Tags:

Pin It on Pinterest

Share This