Vid y sarmientos y fruto abundante

por | Abr 25, 2018 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es la vid y los discípulos, los sarmientos.  Permaneciendo en Jesús, y él en ellos, los discípulos dan fruto abundante.

Permaneciendo ya en la vid verdadera, Pablo da fruto abundante.  No solo predica públicamente el nombre de Jesús.  También trabaja más que todos los apóstoles llamados antes que él.  Indudablemente, proclama él la palabra en todo momento.  Y por conservar Pablo la fe que antes procuraba destruir, dan gloria a Dios quienes antes dudaban de él.

Marca, sí, una enorme diferencia la savia de la vid.  No sea que la vid les comunique la savia vital a los sarmientos, se secarán éstos.  Es decir, no podemos prescindir de la gracia de Dios.  Es que de ella vivimos; sin ella, moriremos (SV.ES IX:369).  Y como la gracia nos llega por medio de Jesucristo, entonces no podemos hacer nada sin él.  Él es, de verdad, la vid cuyo viñador es el Padre mismo.

Jesús es la nueva viña de Dios, de mejores cepas, de vid preferida.  En él, pues, encuentra Dios la fidelidad, la justicia, que esperaba de su pueblo.  En Jesús, por tanto, debemos permanecer.  Pues, de lo contrario, no daremos uvas, sino agrazones.

No, no podemos conformarnos con la justicia de los escribas y fariseos.  Cierto, tal justicia representa esfuerzo por cumplir exactamente la ley que se dio por Moisés.  Y está bien, pues hay necesidad de esfuerzo, superación y observancia estricta.  Pero el problema es que no pocos de los que observan la ley de esa manera despliegan especialmente una actitud cerrada, soberbia, autocomplaciente.  No piden ayuda.  Es que se creen capaces de todo, superiores a los demás y con derecho a todo.

Y éstas son las actitudes o debilidades que el Padre busca cortar mediante las palabras de su Hijo.  Quiere él que nos vaciemos de nosotros mismos para revestirnos de Jesucristo, conscientes de que sin él, lo estropearemos todo (SV.ES XI:236).

Señor Jesús, haz que te amemos con obras y según la verdad y permanezcamos en ti, la verdadera vid.  Conviértenos en grano de trigo que, cayendo en tierra y muriendo, da mucho fruto.  Ojalá vivamos lo que celebramos en la Eucaristía.

29 Abril 2018
5º Domingo de Pascua (B)
Hch 9, 26-31; 1 Jn 3, 18-24; Jn 15, 1-8

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