Evangelio y Vida para el 21 de febrero de 2018

por | Feb 21, 2018 | Evangelio y Vida, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Jon 3, 1-10; Sal 50, 3-19; Lc 11, 29-32.

El libro bíblico de Jonás es uno de los más breves del Antiguo Testamento: dos páginas y algunas líneas más.

Pero, además de entretenido, está lleno de preguntas para el lector. Jonás oye el mandato de Dios, pero no le hace caso, y se escapa a Tarsis en lugar de ir a Nínive. Pasará por toda una breve novela de aventuras hasta que, al fin, llega a Nínive como pregonero de la misericordia de Dios.

Jesús, en el evangelio de hoy, alude al “signo de Jonás”. La ballena o “pez grande” que se lo tragó, tuvo que devolverlo vivo. Y la muerte es ese monstruo voraz que va a tragarse a Jesús crucificado, pero tendrá que devolverlo vivo a los tres días a las playas de la vida resucitada. Y como los ninivitas se convirtieron ante la predicación del Jonás redivivo, con mayor razón somos llamados a convertirnos ante el Cristo resucitado.

Jesús, por medio del signo de Jonás, anuncia, una vez más, su propia resurrección. Luego los hechos, los testigos, las apariciones, el nacimiento de la Iglesia corroborarán su resurrección. Y, con él, estamos destinados a la vida que vence la muerte. Ya no hay hora para las dudas, hay un gozoso tiempo –y ya está aquí– para la conversión personal. Jonás nos ayude a hacerle caso a Jesús.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Honorio López Alfonso, cm

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