Jon 3, 1-10; Sal 129; Lc 10, 38-42.

“María ha escogido la mejor parte”

Se cuenta que, en una ocasión, un famoso científico alemán quiso realizar una expedición por el Amazonas. Era una eminencia en los diversos ramos del saber. Llegado al Brasil, le pidió a uno de los naturales del lugar que lo llevara en su barca, río adentro. El joven aceptó con gusto. Durante la travesía, el sabio preguntó al joven: ¿Sabes astronomía? No. ¿Y matemáticas? Tampoco. ¿Y biología o botánica? —No, yo no sé nada de esas cosas, señor –le respondió el muchacho, muy confundido. Yo sólo sé remar y nadar. ¡Qué pena! –le dijo el científico– has perdido la mitad de tu vida. Guardaron silencio. Al cabo de una media hora se precipitó una tormenta tropical y la barca amenazaba naufragar. Entonces el barquero preguntó al científico: ¿Sabe usted nadar? —No –contestó el sabio–. Y el muchacho, con tono apenado, le dijo: —¡Pues usted ha perdido toda su vida!

Esta historia nos puede ayudar a comprender que hay cosas buenas y necesarias, pero que no son las más importantes de la vida. Mientras que otras, aunque sean aparentemente menos importantes, son las más fundamentales. Este evangelio nos descubre el sentido de lo esencial. nos revela de una manera clarísima el sentido de lo esencial en nuestra vida.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, cm

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