Heb 2, 5-12; Sal 8; Mc 1, 21-28.
“Enseña como quien tiene autoridad”
Como todo judío practicante, Jesús entra en la sinagoga de Cafarnaúm y toma la palabra de la enseñanza. Atrae la atención de sus oyentes la autoridad para enseñar y la fuerza de su palabra sobre el mal. Asombran sus palabras porque enseña no con la autoridad de los hombres, sino con la autoridad de su Padre que lo ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los hombres. Tiene conciencia clara de lo que dice y actúa con firmeza porque conoce al Padre.
En una representación del nacimiento de Jesús aparecía un pastor con las manos vacía y el rostro lleno de asombro. Cuentan que en la primera Nochebuena los demás pastores de Belén se disgustaron con él, porque no llevaba ningún regalo para el Niño Dios, y le dijeron:
¿Qué, no te da pena? ¿Quieres ver al Niño Dios y no le traes nada?; El, asombrado, no les hacía caso solo miraba embelesado al Niño Dios.
Como los demás pastores lo seguían molestando, la Virgen María tomó su defensa y les dijo: No es cierto que haya llegado aquí con las manos vacías; él le trae al Niño Jesús el regalo más valioso: es su asombro por el increíble amor de Dios que lo tiene asombrado. Y la Virgen María concluyó: El mundo seguirá siendo maravilloso mientras haya personas que sean capaces, al igual que este pastor, de asombrarse.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Jorge Pedrosa Pérez, C.M.
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