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2.- Lo que implica sentirse miembros de la Familia

Apoyado en estas ideas lúcidas del P. Eli, me atrevo a ampliar el horizonte de lo que, a mi humilde entender, podría abarcar la interrelación

de los miembros de la Familia, en este año de la cooperación vicenciana, que bien podría relanzarse año tras año, ininterrumpidamente.

El primer objetivo debe ser, sin duda, mejorar nuestra relación de familia, afectiva y efectivamente. Esto implica relacionarnos más, conocernos mejor, congratularnos y felicitarnos por los logros de unos y de otros. Valorar lo que hacen los otros no debe ser obstáculo para que seamos conscientes de que todo se puede mejorar.

Nuestro trato debe ser de confianza, apoyo mutuo, comprensión y colaboración, superando todo recelo, sospecha, envidas y competitividad desleal. Toda convivencia amistosa se manifiesta en la amabilidad, la cordialidad, el apoyo y la colaboración; en el interés por lo que hacen los otros miembros de la familia. Esta relación de familia bien avenida se expresa también en la celebración festiva, en el ágape fraterno y, además, en la celebración litúrgica y en la oración en común.

Las exigencias de una buena relación familiar van más allá de los postulados sociales normales. Es imprescindible conocer lo que hacen los demás miembros o ramas de la familia, implicándonos en la tarea de dar a conocer la familia en el entorno eclesial y ciudadano; implica también unirnos en proyectos comunes; romper la inercia y los moldes de la comodidad, buscando siempre nuevos cauces para que nuestra labor social sea también misión evangelizadora.

Como vicencianos, no podemos conformarnos con los servicios sociales o altruistas de las ONGS, al uso, en alza de valoración en nuestra sociedad. Nuestra solidaridad con el pobre de cualquier signo, debe ser también anuncio del Dios desconocido, del Dios del amor. El carisma vicenciano va mucho más allá de la emotividad o de la ayuda material, aunque ésta sea también expresión ineludible del amor efectivo… Vicente de Paúl lo deja claro en los cometidos encomendados tanto a Padres como Hermanas. Pero, a la vez, el anuncio del Buen Dios en nuestros servicios sociales no debe oler nunca a proselitismo. Todavía resuena el eco de las pablaras de Vicente a Juana en el film Monsieur Vincent: “Por tu amor, Juana, solo por tu amor, te perdonarán los pobres el bien que les haces” Es la expresión cálida, la cercanía, el dialogo fraterno, la escucha atenta del pobre, lo que le ayudará a descubrir al buen Dios de Vicente de Paúl…

Todavía me atrevo a insinuar que, por el nombre de Familia Vicenciana, no debe entenderse, solo y exclusivamente, aquellas instituciones con la etiqueta de Familia Vicenciana, con el correspondiente carnet de identidad … Hay a nuestro alrededor, en los distintos ministerios a nuestro cargo, personas con auténtico espíritu vicenciano. Con ellos también hay que contar, informándoles, invitándoles, haciéndoles partícipes de nuestros proyectos pastorales y evangelizadores… ¡Qué fuerza, qué capacidad de organización y de transformación de nuestra sociedad ver a toda la Familia Vicenciana unida, en espíritu y en verdad! Solo Dios sabe hasta dónde podíamos llegar, si este sueño fuese una realidad viva.


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