“Dichoso el hombre que confía en el Señor”
Jer 17, 5-10; Sal 1; Lc 16, 19-31.
La parábola del pobre Lázaro y el rico insensible es una de las más famosas en el Evangelio y se encuentra solo en Lucas. Quizás podemos avanzar muy rápidamente a lo largo de ella, pues la conocemos, como también conocemos su final; pero hay profundas enseñanzas prácticas que deberíamos descubrir.
Nadie debería estar cubierto de heridas y con hambre, nadie debería ser consolado solo por los perros. En un mundo de gente sin casa, con hambre y soledad, ¿debería alguien vestirse de lujos y celebrar tanto? Lázaro no tenía otra elección que ayunar, el otro, el rico, tenía la posibilidad de ayudar.
¿A quién ayudaré hoy?
San Vicente de Paúl tenía todo este asunto bien claro: “Los pobres son mi peso y mi dolor”, “No podemos asegurar mejor nuestra felicidad que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres”, “Al servir a los pobres, se sirve a Jesucristo”, “Ir a Dios es servir a los pobres”, “Los pobres son nuestros amos y Señores”.
Señor, que abra mi corazón, y mire con compasión a los pobres, de manera que te vea a ti.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Adrián Acosta L., CM
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