«Una verdadera santa»: Sor Hilda Alonso, pionera de las Hijas de la Caridad en Miami, fallece a los 101 años

por | Ago 5, 2022 | Hijas de la Caridad, Noticias | 1 comentario

La Iglesia católica de Miami ha perdido a uno de sus venerables pilares.

Sor Hilda Alonso, hermana de la caridad cubana que fundó en Miami las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, dedicadas al cuidado de los pobres, y fue directora del Colegio Católico La Inmaculada de La Habana, falleció el 5 de julio en Miami. Tenía 101 años.

Murió en paz en la Casa San Vicente de Paul, el convento de la zona de Flagami que trabaja intensamente con familias de bajos ingresos, proporcionándoles apoyo espiritual, alimentos y otras ayudas, dijo la sor Eva Pérez-Puelles, directora del convento.

Con su amor a Cristo y una vida de profunda contemplación y oración, Sor Hilda fue portadora de alegría y esperanza para los más marginados de la sociedad, no sólo en Miami y Cuba, sino también en Puerto Rico y Haití, donde fundó la misión de las Hijas de la Caridad.

Sor Hilda Alonso, fundadora de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Miami, posa frente a una estatua de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, una devoción mariana promovida por las Hijas de la Caridad, en el patio de su convento en Flagami, en 2014. Foto: Daniel Shoer Roth, el Nuevo Herald

Llegó a Miami, acompañada de una delegación de cinco Hermanas, en el verano de 1971, aceptando una invitación del entonces arzobispo de Miami, Coleman Carroll. En la década anterior, miles de cubanos católicos llegaron a Miami después de que Fidel Castro subiera al poder; la Arquidiócesis buscó a las Hermanas, entre otras, para que proporcionaran atención pastoral a los nuevos feligreses.

El Arzobispo Carroll asignó a las Hijas de la Caridad a la Iglesia del Gesù, la parroquia católica más antigua de Miami, construida en 1896 en el 118 NE de la calle Second. La iglesia albergaba el Centro Hispano Católico, que ofrecía servicios a los refugiados cubanos, incluyendo asistencia médica y dental, cuidado de niños, asesoramiento psicológico, clases de inglés y cursos de secundaria en español.

En octubre de 1971, sor Hilda Alonso supervisa a los niños mientras juegan en la guardería del Centro Hispano Católico. Archivos de La Voz Católica, Cortesía de Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en Miami.

«Se les ayudaba a buscar trabajo, se les donaba ropa, y sor Hilda estaba implicada en todo eso», recuerda el padre Eduardo Álvarez, actual párroco de Gesù. «Fue una verdadera santa, porque ayudó a miles de personas, no sólo como maestra, sino también como hermana caritativa».Un año después, el padre Agustín Román, rector de la Ermita de la Caridad —santuario de Nuestra Señora de la Caridad adyacente al Hospital de la Misericordia— pidió a Sor Hilda que las Hijas  de la Caridad le apoyaran en la prestación de servicios a los peregrinos que visitaban el santuario anhelando consuelo y fortaleza.

Tanto Román como los fieles cubanos ya conocían la vasta labor social que las Hijas de la Caridad habían realizado en la isla desde su llegada a mediados del siglo XIX, en materia de salud, educación y atención a huérfanos, enfermos y ancianos. Sólo había cambiado el hábito de las Hermanas, que ya no llevaban, como parte de su hábito religioso, los tocados brillantes y almidonados que cubrían sus cabezas como una bandada de palomas blancas.

Sor Hilda Alonso haciendo sus primeros votos en 1951. Las Hijas de la Caridad llevaban exuberantes tocados de aletas almidonadas para cubrir sus cabezas. Cortesía: Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en Miami.

Labor educativa en Cuba

Hilda Alonso Llevada nació el 10 de febrero de 1921 en San Juan y Martínez, Pinar del Río, al oeste de Cuba, hija de Ramón y Catalina.

Estudió en el Colegio La Inmaculada hasta el bachillerato y, en 1946, se doctoró en Pedagogía por la Universidad de La Habana. Ese año ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, e hizo sus primeros votos en 1951.

Hasta 1959 fue directora de La Inmaculada, donde también tenían su sede las Hijas de la Caridad de Cuba. San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac fundaron la orden religiosa en Francia en 1633, con la misión de servir a los pobres en sus casas y, más tarde, en los hospitales. Ese espíritu misionero se extendió a lo largo de los siglos, y hoy las Hijas de la Caridad están presentes en 96 países.

En La Inmaculada, uno de los colegios católicos más emblemáticos de Cuba, sor Hilda abogó firmemente por la educación de los niños cubanos y abrió las puertas a las niñas cuyos padres no podían pagar la matrícula.

Sor Hilda Alonso, en el centro, en la década de 1950, durante una ceremonia de graduación en el Colegio La Inmaculada de La Habana. Cortesía: Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Miami.

Zizi Careaga, presidenta de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio de la Inmaculada de Miami, estudió allí cuando Sor Hilda era directora. Durante décadas mantuvieron un estrecho contacto.

«Era una mujer con un carácter fuerte que, siendo bajita y delgada, te miraba cuando hacías algo mal y temblabas. Sin embargo, en toda la vida que estuve a su lado, nunca la escuché levantar la voz», dijo Careaga, de 75 años. «Hablaba en voz baja, pero con fuerza, con dulzura y una gran fe en Dios».

Entre 1960 y 1961, Sor Hilda fue directora del Colegio de Belén en Santiago de Cuba, un trabajo que se interrumpió repentinamente durante la campaña antirreligiosa del naciente gobierno comunista, que confiscó las escuelas católicas y otras instituciones de la Iglesia. La intolerancia religiosa obligó a exiliarse a las 200 hermanas que componían la Compañía.

«Fue muy doloroso, muy trágico dejar lo que habíamos construido con tanto sacrificio», recordaba sor Hilda en una entrevista de 2014 con el Nuevo Herald.

Un coro de niñas sale del Colegio La Inmaculada, dirigido por una de las Hijas de la Caridad. Milagros Caturla Cortesía / Archivo el Nuevo Herald

Un exilio fecundo en caridad

Su primera década de exilio la pasó en Puerto Rico, donde fue directora del Colegio La Milagrosa, en la ciudad de Ponce, y superiora de la Casa de Estudios, una residencia para estudiantes de la Universidad Católica de Ponce. En 1965, fue nombrada supervisora de los centros educativos Head Star en la Diócesis de Ponce y administradora provincial de la Provincia de las Hijas de la Caridad en Puerto Rico.

Después de plantar las raíces de las Hijas de la Caridad en la Arquidiócesis de Miami, regresó a Puerto Rico en 1972, donde fue nombrada Visitadora de la Compañía en el Caribe, supervisando a las superioras de toda la región. Una de sus mayores contribuciones como Visitadora fue la fundación de la Misión de las Hijas de la Caridad en Haití, según Pérez-Puelles.

En 1981, Sor Hilda regresó permanentemente a Miami y dirigió el programa de educación religiosa en la Parroquia de San Vicente de Paúl. Para entonces, el apostolado de las Hijas de la Caridad se había extendido a la Iglesia de San Juan Bosco en la Pequeña Habana, donde atendían a los ancianos, los niños y los refugiados del Mariel.

Sor Hilda Alonso, a la izquierda, junto a Sor Eva Pérez-Puelles, Sor Adela de la Cruz (ya fallecida) y Sor Rafaela González, en la capilla de la Casa San Vicente de Paúl. Daniel Shoer Roth el Nuevo Herald

Pero fue en la Ermita donde atendieron al rebaño exiliado con su catolicismo misionero y sus amables sonrisas. En la Ermita consolaban y animaban a los quebrados; ayudaban en la oficina administrativa; realizaban trabajos manuales; y participaban en las oraciones y en el canto festivo de la liturgia.

Actualmente, tres Hijas de la Caridad sirven en la Ermita y cinco en la Casa San Vicente de Paul, donde la Hermana Hilda estuvo activa, supervisando la recogida y envío de contenedores con alimentos, medicinas y otros suministros a las misiones de Haití y Cuba, hasta que se retiró en 2014, a los 93 años, por motivos de salud. En 2016, celebró 70 años de vida religiosa.

Sor Hilda Alonso continuó supervisando el envío de alimentos, medicinas y otras ayudas a las misiones de las Hijas de la Caridad en Cuba y Haití hasta su jubilación en 2014, a los 93 años. Cortesía: Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Miami.

Rafael Peñalver, líder laico y abogado cercano al padre Román, dijo que las Hijas de la Caridad fueron fundamentales para el establecimiento de la Iglesia católica cubana en el sur de Florida.

Sor Hilda era «una mujer académica y moralmente brillante, cuya dedicación al prójimo no tenía límites», dijo, recordando que el día que su padre, el Dr. Rafael Peñalver, murió de cáncer en 1988, la familia no había hecho los arreglos funerarios por adelantado.

«No estábamos preparados», dijo. Sor Hilda, amiga de su padre, «tenía un lugar especial reservado para ella dentro de la capilla del cementerio católico de Nuestra Señora de la Merced. Me llamó y me dijo: ‘Quiero ceder mi espacio a tu familia para que pueda ser enterrado allí'».

Monseñor Agustín Román, padre espiritual de los cubanos en el exilio, con las Hijas de la Caridad en la capilla de la Casa San Vicente de Paúl. En una carta a Sor Hilda Alonso (tercera por la izquierda), fechada en 1977, Román escribió: ‘La felicito hermana porque su comunidad mantiene el espíritu del fundador, buscando siempre a los más pobres entre los pobres’. Cortesía: Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en Miami.

Fuente: https://www.miamiherald.com/

Daniel Shoer Roth es un galardonado autor, biógrafo, periodista, cronista y editor con más de 20 años en la plantilla de el Nuevo Herald, donde se ha desempeñado como reportero, columnista de noticias, productor de crecimiento digital y coordinador de Acceso Miami. Hoy es el Editor de Sociedad y Servicio Público para el Nuevo Herald y the Miami Herald.

 

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1 comentario

  1. Victor Martell

    Gracias hermano, por esta información, conocí a Sor Hilda y trabajé con ella, era una santa entre nosotros, hoy la recuerdo con mucho cariño y le pido que interceda por nosotros en la Sociedad de San Vicente de Paúl. Amén.

    Responder

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