Rodeos que da uno para salirse con lo suyo

por | Jul 7, 2022 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es imagen de Dios invisible.  Él es el rodeo que representa para nosotros mucho más que todos los demás rodeos que ha dado Dios.

Muchos, si no todos, han dado rodeos.  Los hebreos, por el plan de Dios, da un rodeo al salir de Egipto.

Jesús también da un rodeo para ir de Tiro al lago de Galilea y a la Decápolis (Mc 7, 31).  Pues va hacia el norte, por Sidón, luego hacia sudeste, hasta llegar adonde quiere ir.  Esto ha intrigado a los comentaristas (The New Jerome Biblical Commentary [Englewood Cliffs, NJ:  Prentice Hall, 1990] 41:50).

No, no hay nada malo en esos dos rodeos.  Ni en muchos otros rodeos, literales o figurativos.  No pocos de ellos tienen que ver con la procedencia o cultura de uno.  Y se nos dice que les es bueno a los misioneros que se den cuenta de tales rodeos; son formas de respeto.

Un doctor de la ley, pues, le pone a prueba a Jesús.  Quizás busca saber qué importancia dan a la ley él y sus enviados en sus sanaciones y predicaciones.  Pero en vez de preguntárselo de forma directa, le dice:  «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».

Jesús, a su vez, le contesta de modo no directo, con una pregunta.  Contesta el sabio, y parece que todo está bien con los dos.  Pero no.  Pues al que se quiere defender le gusta que se razone un poco más del asunto.

Dice, pues:  «¿Y quién es mi prójimo?».  Pide que se le diga si «prójimo» quiere decir todos o no más los judíos, los semejantes, los buenos.  Y Jesús una vez más no le da una respuesta directa, sino que le dice un cuento.

Rodeos buenos y malos.

En el cuento, dan rodeos un sacerdote y un levita.  ¿No se espera que ellos, por servir en el templo, ayuden más que nadie a un necesitado?  Y llega un samaritano.

«Samaritano» quizás les hierve la sangre del doctor.  ¿Piensa él que no hay forma de que ayude un samaritano?  Pues, para los judíos, samaritano quiere decir un pagano que no es capaz de ser justo ni compasivo.  Y al cual hay que odiar, despreciar, excluir.  Pero el tío no deja de ayudar.  No le viene bien, por lo tanto, la etiqueta que se le pone.

Y le lleva la compasión a actuar.  Pues se acerca él al malherido, le venda las heridas, les echa aceite y vino.  Lo trae también a una posada, lo cuida, y cubre el coste de la posada.  Por andarnos con rodeos, no, no se puede decir del que se porta como prójimo del medio muerto el refrán:  «Del dicho al hecho hay mucho trecho».

Y todo esto lo ve bueno el doctor.  A nuestra vez, nos toca pasar de lo que ve el doctor a lo que hace Cristo.  De la visión a la acción.  De la teoría a la práctica.  Hay que amar con la fuerza de los brazos y con el sudor de la frente (SV.ES XI:733).  Hasta entregar el cuerpo y derramar la sangre.  Hay que ser de Cristo.  Y esto no se trata tanto de amar al prójimo cuanto de hacerse prójimo de los demás.  Pues somos todos hijos del mismo Padre, buenos y malos.  Amarillos, blancos, morenos y negros, de una y otra religión.

Señor Jesús, por ti Dios se ha portado prójimo de nosotros.  Líbranos, por el Espíritu, de los rodeos que nos alejen de ti, del Padre y de nuestros hermanos y hermanas.

10 Julio 2022
15º Domingo de T.O. (C)
Dt 10-14; Col 1, 15-20; Lc 10, 25-37

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