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Rebosar de la justicia y el amor de Jesús

por | Nov 25, 2021 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 1 comentario

Jesús es el vástago legítimo del Rey David.  Viene él para hacer rebosar la tierra de justicia.  ¡Cuánto quiere que nos llamemos «Señor-nuestra-justicia»!

Mosén Juan Gicquel no puede sino rebosar de celo, —intempestivo aunque bien intencionado—, por asistir a mosén Vicente.  Quiere el primero que el último muera en paz, con su espíritu puesto en las manos del Padre.

Por lo tanto, se le sugieren al moribundo invocaciones piadosas, una tras otra, que él empieza a repetir.  Pero al poco tiempo, dice:  «Ya basta», si bien logra añadir por última vez:  «Jesús».  Ese suspiro de «Jesús» deja claro que «Ya basta» no quiere decir para nada desesperanza ante la muerte.  Indica más bien esperanza, entrega voluntaria, entera y confiada del que tiene fe.

Parece estar de acuerdo él, pues, con las ojas.  Creen ellas que dejarse caer de las ramas es amor, fe, gracia, Dios.

Es por eso que aun expirado no deja de rebosar el santo de amor, fe, gracia, Dios.  Esto lo manifiesta hasta su faz, bella y majestuosa aun en la muerte (Jaime Corera:3).  Y ha muerto él sentado en su silla vestido del todo al lado del fuego.

Se ve, por lo tanto, que preparado ha estado él para morir.  Y para hacer también todo lo que Dios le dé a conocer y pida de él (SV.ES XI:398).

Es decir, no solo se ha preparado san Vicente para la muerte por dieciocho años (Abelly 197).  Mejor que esto, ha vivido además sirviendo a los pobres para seguir a Jesucristo (SV.ES III:359).  Al que entregó su cuerpo y derramó su sangre.  Como éste, se ha puesto el santo en los brazos de Dios y se ha renunciado de verdad a sí mismo.  Y tal vida, tal muerte.

Rebosar de justicia y amor que no son separables

Como Jesucristo, sí, viven y mueren todos los cristianos comprometidos.  Aceptan, pues, con humildad, fe, esperanza y amor que su vida y este mundo tienen fin.

Y no se dejan vencer por el pavor que infunden en muchos corazones los signos en los astros y la tierra.  Los verdaderos discípulos saben por la fe que el fin, que presagian esas señales, da paso a una vida nueva.

Ni desfallecen ellos ante los sufrimientos que les esperan por su fe.  Pues creen que rebosar ellos de amor a Dios es asegurar que todo les sirva para el bien.  Pero no es que se fíen de su fuerza.  Admiten que tropiezan una y otra vez; se inclinan al mal, que son barro (Gén 8, 21; Sal 103, 15).

Atribuyen a Dios, por lo tanto, todo éxito (SV.ES VII:250).  De él espera la salvación.  Él lleva a los suyos al mañana que no pueda menos que rebosar de justicia, paz y amor.  En lugar de encogerse, pues, alzan la cabeza.

Señor Jesús, concédenos rebosar de justicia y amor.  Así los que somos débiles, y fuertes por tu gracia (2 Cor 12, 9,) estaremos listos para tu venida. 

28 Noviembre 2021
Domingo 1º de Adviento (C)
Jer 33, 14-16; 1 Tes 3, 12 – 4, 2; Lc 21, 25-28. 34-36

1 comentario

  1. María Elba White.

    Buenas tardes, Sr. Ross . Sus reflexiones aumentan mi Fé y me llenan de agradecimiento al Señor por sus bendiciones, protección, misericordia e inmenso amor , representado en todos los dones que de El recibimos a diario.
    Gracias por participarme estas bellas y profundas reflexiones. Un abrazo.

    Responder

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