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Desde un punto de vista vicenciano: San José y el Salmo 19

por | Abr 21, 2021 | Formación, Patrick J. Griffin, Reflexiones | 0 comentarios

Los Salmos tuvieron un lugar importante en la oración y la persona de José. Ofrecí en un artículo anterior el Salmo 1 como punto de partida y hablé de su comprensión de la ley como expresión de la voluntad de Dios para su pueblo. Este primer salmo anima y recompensa la meditación y la aplicación. El Salmo 19 apunta en una dirección similar y nos permite seguir reflexionando sobre José como hombre justo en relación con la ley de su pueblo.

El Salmo 19, uno de los tres salmos de la Torá en nuestro Antiguo Testamento, se divide a menudo en dos partes; de hecho, algunas fuentes sugieren que las dos partes son salmos distintos. No me parece convincente esta separación.

La primera parte de este salmo (vv. 2-7) habla de cómo los cielos declaran la gloria de Dios y los versos se centran en el sol (v. 7):

A un extremo del cielo es su salida,
y su órbita llega al otro extremo,
sin que haya nada que a su ardor escape.

El pasaje pone de relieve la influencia omnipresente del sol. Revela la gloria de Dios en todo el mundo natural: nada escapa a su calor y a su luz. Da vida y revela la belleza.

En la segunda parte del salmo (vv. 8-12), el texto pasa a la ley y describe su valor con palabras halagadoras. Luego surgen dos imágenes para ilustrar el punto (v. 11).  La ley es

apetecible más que el oro,
más que el oro más fino;
sus palabras más dulces que la miel,
más que el jugo de panales.

El oro y la miel ofrecen imágenes evocadoras de la naturaleza de la ley.  Es preciosa y dulce.

Cada parte del salmo refuerza la otra. Una maravillosa aura de ámbar elemental atrae los sentidos: el calor del sol, el brillo del oro, el dulce sabor de la miel. ¿Te imaginas a José, el justo, reflexionando sobre la eficacia y la aplicación de la Ley mientras reza este salmo? Las imágenes literarias invitan a una amplia y grata reverencia por las enseñanzas de Dios en la mente y el corazón de un pueblo fiel y obediente.

Sin duda, José influyó en su hijo en el respeto a la ley. Jesús insiste en su importancia y en su cumplimiento:

No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. […] El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. (Mt 5,17.19)

En otro contexto, podemos reconocer cómo Jesús pone en tela de juicio a algunos de los dirigentes religiosos que comprometen la ley para sus propios fines:

Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. (Mc 7,8)

José afirma y valora el carácter vivificante de la ley. Requiere una interpretación perspicaz y compasiva. Al igual que uno puede saborear las bendiciones del sol, el tesoro y la dulzura, también puede abrazar y alegrarse de la Ley como expresión de la voluntad divina.

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