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El ejemplo del arte público apoyado por la comunidad, como ministerio vicentino

por | Feb 11, 2021 | Noticias | 0 comentarios

Han pasado más de veinte años desde que me pidieron (o me dieron permiso) para pintar un ciclo de murales en el vestíbulo de la Curia General en Roma. El P. Robert Maloney, cm, Superior General en aquel momento, había oído hablar y visto algunas de mis primeras obras de arte mural en Chicago. Así que pienso que se sintió confiado al permitirme esta oportunidad. Los otros cohermanos que vivían en la Curia en el 2000, naturalmente, fueron más reservados. Estoy seguro de que esperaban que tuviera un tema y bocetos listos cuando entré por la puerta, en febrero de aquel año. Mostré a la comunidad una presentación de mis anteriores trabajos murales, y cuando terminé, les pregunté: «¿Qué debería decir una composición de un mural a los visitantes de la Curia?»  «¿Qué quieren decir ustedes, miembros de la comunidad de la casa, que cuente este mural?» Haciendo preguntas como esta, me ponía a su servicio, y los cohermanos quedaron realmente sorprendidos. No sabían que el arte podía crearse estrictamente a partir de un diálogo con ellos. No sabían que ellos mismos podrían fabricar parte de este arte. Soy un artista cuyo ser es un instrumento para la voluntad de la comunidad. Lo que esa comunidad sea sea o donde sea que se encuentre. Esta es la verdadera esencia de cómo trabajo y enseño arte, para poder ser la voz de los que no tienen voz. Si mi forma de hacer arte hubiera estado presente en la época de Vicente, creo que estaría cómodo con lo que hago, e intentaría animarlo.

La Familia Vicenciana, Los Espigadores. Curia, Roma, 2000

Para mucha gente, el estereotipo de la creación artística parece estar centrado en uno mismo. Es cierto que esto es así en el arte contemporáneo comercial. Es su negocio el hacer piezas que sean mercancía, venderlas y promocionar el nombre del artista. Es complicado para ellos separar la obra privada del artista de su figura pública, y ocurre lo mismo de diferentes maneras.

Para mí es diferente. Me gusta hacer murales porque los murales no pueden ser una mercancía artística. Están disponibles para que cualquiera los disfrute en cualquier momento, sobre todo los que están en muros exteriores. Puede sonar algo socialista, pero puede ser también un enfoque muy cristiano. Déjenme darles un par de ejemplos.

Un día de 2007, mientras estaba en mi oficina de la Universidad DePaul, recibí la llamada de un representante de una escuela primaria católica de Philadelphia (Pennsylvania, en la costa este de EEUU). La escuela (DePaul Catholic School) conocía algunos de mis trabajos, y quería invitarme a hacer un mural para ellos. Su intención era que se mostrara al vecindario lo que su nueva escuela significaba. Si el lector tiene los recursos para explorar los murales de Philadelphia, le llevará a una revelación. La ciudad entera entiende el valor de una obra de «arte público apoyado por la comunidad». La ciudad está llena de ejemplos.

Cuando escribo esto, hay más de 4.000 piezas murales al aire libre por todo Philadelphia. Están por igual en barrios ricos y pobres. Todos están muy bien conservados y se van añadiendo nuevos cada año. Así que, cuando llegó el momento de empezar a trabajar con la gente de la DePaul Catholic School en Germantown (Philadelphia), me presentaron a todo el vecindario. Más de 200 personas de la escuela y el barrio vinieron a mi presentación y a mi conferencia. Entendieron, colectiva e inmediatamente, lo que querían decir y pudieron ver que les escuchaba. Un mes después, cuando les enseñé mi primer boceto para la escuela, se dieron cuenta de que les había escuchado. La totalidad del barrio aprobaron la propuesta y se sintió la alegría por el proyecto por todo el vecindario.

Hicieron falta tres sesiones en verano (de seis semanas cada una) en las que dirigí a todos y cada uno de los voluntarios en un taller de puertas abiertas. Se dividieron las partes básicas del mural para que cualquiera de entre 6 y 85 años pudieran venir a ayudar a pintar el mural. Y lo hicieron: más de 250 personas vinieron a ayudar a pintar e instalar el mural. Lo completamos en 2010. Entre estas personas estaba nuestro propio Superior General del momento, el P. Gregory Gay CM.

El color, la composición y toda la gente que participó son una gran evidencia de la efectividad del mural. Sigue siendo una de las partes más brillantes de Germantown.

Huerto de San Vicente, Escuela Católica DePaul, Filadelfia PA, 2010

A lo largo de los años he colaborado con otros barrios de Chicago de esta misma manera. Uno de ellos es el barrio de South Chicago. Es un barrio pobre con un centro de arte muy organizado. Se me pidió que colaborara con artistas locales jóvenes y con mis propios alumnos en DePaul. Varias sesiones con los estudiantes del centro artístico dieron como reusltado un tema, el de decir “no” a las bandas organizadas y respetar a los héroes locales del vecindario. Cuando se instaló el mural, a finales del verano de 2007, fue bien recibido por su mensaje positivo.

Tengo otras piezas por los Estados Unidos, tanto en escuelas como en parroquias. Todas hechas de manera similar. Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto agotador en la Universidad DePaul. Está bajo la parada de tren de Fullerton en el barrio de Lincoln Park. Las vías están sostenidas por unos grandes pilares de hormigón. Ya que DePaul celebrará pronto su 125 aniversario, me pareció que estaría bien ilustrar su historia decorando los pilares que sostienen la estación. Conté con la colaboración de la Autoridad de Tráfico de Chicago y de la universidad. Ambos estaban entusiasmados con la idea. Todo el contenido proviene de gente de la universidad. El claustro de profesores, el personal y los estudiantes. Los estudiantes han hecho una gran labor en fabricar los 18 pilares que componen la colección hasta el momento, y cuando se completen habrá 25.

A finales del siglo XX, DePaul se conocía como “The Little School Under the L” [la Pequeña Escuela Bajo Lincoln]. Seguro que a san Vicente le gustaría ese apodo. La última vez que contamos, tenemos 22.000 estudiantes, pero el espíritu de la “pequeña” escuela sigue ahí, así que esta pieza es “The Story of the Little School Under the L, Under the L” (La Historia de la Pequeña Escuela Bajo Lincoln, Bajo Lincoln).

Mural en la calle 91. Mark y estudiantes en el Sky Art Center en Chicago IL.

Todo lo que he podido leer de san Vicente me dice que, en su tiempo, dedicarse a las artes visuales no era algo a lo que un miembro de la Congregación debiera dedicarse. Creo que le molestaba la vanidad y la comercialización que veía en el arte de aquel tiempo. Así que ¿qué pensaría de mis esfuerzos en 2021?

El Hno. Mark y la historia de la pequeña escuela bajo la “L”, bajo la “L”, 2021. Crédito de la foto: Jaime Moncrief

Realmente creo que se sentiría cómodo con él. Porque lo vería como una forma en que las comunidades empobrecidas tuvieran una forma de tener una voz y mostrar lo que es importante para ellos. La propiedad del mensaje, la alegría del empoderamiento, son cosas maravillosas que se ven en la gente en cada pieza que ayudo a crear.

Puede que a San Vicente no le gustara su retrato en el recibidor de la Curia (¿Cómo podría gustarle, siendo un verdadero santo de la humildad como era?) Pero fue elección de los cohermanos de la casa de aquel momento tenerlo ahí. Igual que el resto del mural fue de ellos. Hicieron grandes decisiones sobre él que aún pueden ser vistas hoy día.

Hno. Mark Elder, cm
Miembro del claustro de la Escuela de Artes en la Universidad DePaul en Chicago, Illinois
Fuente: https://cmglobal.org/

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