¡¡El Aleluya rompe el silencio!!

por | Abr 22, 2020 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

En su homilía del Viernes Santo, Joseph Agostino, CM habló sobre

… el grito silencioso de los campos de refugiados superpoblados en todo el mundo, donde no hay posibilidad de distanciamiento social;

… el silencio ensordecedor de los prisioneros y los pobres de las urbes, que están sujetos a una negligencia aún más grande y que mueren en un porcentaje mayor que el resto de la población;

… el angustioso silencio de los proveedores de atención sanitaria, cuyo riesgo personal se agrava si se atreven a hablar de su falta de suministros críticos.

Concluyó haciendo la pregunta: ¿cuándo se romperá ese silencio?

Más tarde, durante el Pregón Pascual, escuchamos las palabras:

… Esta es la noche en la que Jesucristo rompió las cadenas de la muerte y resucitó triunfante de la tumba …

…y cantamos: ¡¡ALELUYA!!

…¡¡y lo cantamos una y otra y otra vez!!

Como cristianos y como miembros de la Familia Vicenciana mundial, no podemos vivir nuestra vida como si a la Cuaresma no siguiese la Pascua. En medio de la actual pandemia, con todas sus consecuencias, nunca debemos parecernos a alguien que acaba de regresar de un funeral (EG, #10).

En una carta que Federico Ozanam escribió en 1841, afirmaba: «No me gustan nada y no comparto en manera alguna las doctrinas rigoristas de algunos cristianos, que sin siquiera darse cuenta tienen en esos temas la arrogancia y el falso pudor protestante, y se alejan del verdadero espíritu de la fe. Jamás fueron proscritas las alegrías inocentes. Ciertamente, esas asambleas tumultuosas en las que la aglomeración misma contribuye a dar una libertad peligrosa, en las que el descaro de los adornos provoca la insolencia de las miradas, en las que se intercambian conversaciones equívocas en el frenesí tormentoso del baile, sin duda alguna no conseguirían la aprobación de los hombres serios. Pero ante los ojos de una madre, en una sociedad escogida, en un círculo de parientes y de amigos, un poco de música y de baile para animar la monotonía de una velada, para alegrar a los jóvenes con un ejercicio gracioso, todo eso es en mi opinión la cosa más natural y la menos reprensible. No me faltan ejemplos […]. A mi tía y a mamá les gustaba ese tipo de diversión cuando eran jóvenes, y no por eso han dejado de llegar a ser santas».

Cada día tenemos que afrontar el silencio y el abandono del Viernes Santo, y cada día tenemos que equilibrar y romper ese silencio con lo más natural y menos reprobable, un poco de música, un poco de baile, un poco de canto, otro aleluya.

En Italia, la gente aparecía en sus balcones y aplaudía espontáneamente el trabajo de los socorristas… y así cantaban su aleluya Pascual.

En las calles de Buffalo (Nueva York), la gente salía a la puerta de la calle y saludaba a su vecino y e iniciaban un baile espontáneo… así cantaban su aleluya Pascual.

En Germantown, frente a la enfermería de Santa Catalina, los sacerdotes y hermanos saludaban y cantaban a sus hermanos que estaban aislados… ¡así cantaban su aleluya Pascual!

«¡¡Alegrénse siempre en el Señor!! Lo diré de nuevo, ¡alégrense!». Para evangelizar y para realizar actividades caritativas, la alegría que surge del amor de Dios es indispensable.

… sin tal alegría, no puede haber transmisión de nueva vida.

… sin tal alegría, la gente no vivirá de nuevo en Cristo.

… sin tal alegría, no habrá música, ni baile, ni canto.

¿Cómo cantas tú (individualmente o en grupo) el Aleluya Pascual?

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Etiquetas: barquin, coronavirus

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