La oración según San Vicente de Paúl (primera parte)

por | Abr 14, 2020 | Formación, Reflexiones, Vinicius Teixeira Ribeiro | 0 comentarios

El P. Tomaž Mavrič, CM nos invitó a emplear la oración como una fuerza transformadora. No nos imaginamos que tendríamos que volver al tema durante la Cuaresma. Hoy queremos ofrecerles este artículo: “Oración según San Vicente de Paúl” que será presentado en partes durante tres días seguidos. El tercer día, terminaremos con la entrega de un libro electrónico. Este tema nos sirve para preparar esta Pascua que viviremos en nuestros hogares, en nuestras comunidades, en nuestras familias. El autor del artículo nos ayuda a profundizar en un tema muy querido por San Vicente.

I. Preparación

San Vicente mismo puede decirnos en qué consiste este primer momento de su método de Oración Mental, (OM): “Es muy importante hacer bien esta preparación, colocándose debidamente en la presencia de Dios, porque de ello depende todo el desarrollo de la oración. Hecho esto, el resto irá por sí solo “(SV XI, 405). Se trata, entonces, de tener la experiencia del salmista, que dice al Señor: “Desde la mañana oyes mi voz. Desde la mañana te hago promesas y me quedo a la espera “(Sal 5,4).

Obviamente, para que se pueda sacar provecho de la OM, es necesario garantizar el conveniente silencio, en el que la voz de Dios pueda resonar con toda claridad y fuerza. “Guardad el silencio – recomienda Vicente a las Hijas de la Caridad – para que esa recogida que se refleja en el exterior favorezca el diálogo de vuestros corazones con Dios “(SV IX, 7). El fundador parecía tener presente que, ciertamente, como puede leer en la Imitación de Cristo: “En el silencio y quietud, un alma devota progresa y aprende los secretos de las Escrituras “(1, 20, 6).

En distintas ocasiones, San Vicente insiste en la importancia de acostarse a una hora conveniente, dormir lo necesario y levantarse con tiempo suficiente y buena disposición (cf. SV IX, 26s, X, 564s). También recomienda una breve oración al levantarse: “Dios mío, yo te adoro. Señor, yo te doy mi corazón. Concédeme la gracia de no ofenderte y de hacer tu voluntad en todas las cosas “(SV X, 598).

Según San Vicente, hay dos tipos de preparación (cf. SV IX, 426): a) una próxima, hecha inmediatamente antes de la meditación, por la mañana; b) y una remota, que se debe hacer la noche anterior, leyendo los puntos de la meditación del día siguiente y adormecerse con un “buen pensamiento” acerca del tema, según la recomendación del fundador a sus hermanas: “Acuéstense modestamente con un buen pensamiento. Esto será un proceso medio fácil para recordar a Dios al despertar. Y por la mañana tendréis el espíritu en mejor disposición para hacer vuestra oración “(SV IX, 7). Tanto para la preparación próxima como para la remota, el guion es de la siguiente manera:

1.1 Colocarse en la presencia de Dios

Tomar conciencia de que Dios está presente, de que él nos ve y oye nuestra oración.

Dejarse iluminar, calentar e inspirar por la amorosa presencia del Señor, “que nos habla de corazón a corazón “(SV X, 586). Hacer un acto de fe, como este: “Creo, Dios mío, que “estás aquí” (SV X, 589).

Recuerda San Vicente: “Comiencen siempre todas sus oraciones por la presencia de Dios (…). Considerad, hijas mías, que, aunque no veamos a Dios, la fe nos enseña su santa presencia en todas partes (…), penetrando íntimamente todas las cosas e incluso nuestros corazones “(SV IX, 4).

Dirigiéndose a los Padres y Hermanos de la Misión, dirá el fundador: “El recuerdo de la presencia de Dios va creciendo poco a poco en nosotros y, por su gracia, se vuelve habitual. Somos, por así decirlo, constantemente animados por la Divina Presencia. Cuántas personas existen todavía en este mundo que casi nunca pierden su sentido de la presencia de Dios” (SV XII, 163-164). En la perspectiva de San Vicente, la práctica de colocarse en la presencia del Señor nos lleva a vivir iluminados por esta convicción de que estamos siempre ante el que nos ama y acompaña nuestra vida con misericordia y paciencia, como recuerda el apóstol Pablo en el areópago de Atenas: en Dios, “Vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).

En cuanto a San Francisco de Sales, de quien cosechó el método de la OM, San Vicente se refiere a San Francisco de Sales “Cuatro maneras de colocarse en la presencia de Dios”: contemplarlo en el Santísimo Sacramento, concebir la alegría de verlo adorado en el cielo, saber que Dios está en todas partes, así como en el interior de la persona que se deja alcanzar por su amor (cf. SV X, 587-589).

Una oración encontrada en los Escritos Espirituales de Santa Luisa de Marillac también puede inspirar este momento inicial: “Mi Dios, yo os adoro. Sé que tú me has dado la vida. Porque os amo y me amas, yo me abandono a tu divina voluntad y confío en su misericordia. Yo os pido por todos los hombres que amáis, a fin de que realicen el gran proyecto de amor que tenéis sobre cada uno de ellos “(SL E. 1).

P. Vinicius Teixeira Ribeiro, CM
Provincia de Río
Fuente: https://cmglobal.org/

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