Llamamiento a la conversión y la salvación

por | Oct 31, 2019 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar a los pecadores. Le podemos responder porque primero nos dirige él un llamamiento a la conversión y la salvación.

Zaqueo desea enormemente ver quién es Jesús. No importa que él sea pequeño de estatura. ¿No sería una lástima si le impidiera verlo el gentío que con su llamamiento anuncia al que está pasando? Por eso, sube Zaqueo a un sicomoro para ver mejor a Jesús.

Zaqueo es jefe de publicanos y rico. Pero para ver a Jesús, no le importa hacer lo que un chiquillo. Parece que se le ocurre pensar que perderá la dignidad subiendo a un árbol. Pero, claro, no le resultaría extraño si la gente se riese de él. Después de todo, lo toman por gran pecador, pues es jefe de publicanos, colaborador principal de los romanos.

Así que no sin costes personales ve Zaqueo quién es Jesús. Pero lo decisivo no es lo que hace él o las burlas que sufre. Es, más bien, lo que hace Jesús y la murmuración que oye él y soporta. La clave de la salvación es el llamamiento de Jesús: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Es la afirmación de que «el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Si no fuera por ese llamamiento, sería Zaqueo un observador más, uno de los que ven y luego se van. Y permanecería perdido Zaqueo si no fuera por esa afirmación, la que quiere decir que Dios ama a todos los seres. Como no aborrece nada ni a nadie que hizo, Dios no toma a Zaqueo por caso perdido. No así lo toma tampoco el Hijo de Dios.

Zaqueo, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo, responde al llamamiento.

Zaqueo se da prisa en bajar del árbol. Quizás como se dieron prisa Pedro y Andrés en dejar las redes, y Santiago y Juan en dejar la barca y a su padre. Y recibe a Jesús muy contento. E inmediatamente hace también la decisión de ayudar a los pobres y hacer restitución.

En otras palabras, reconoce Zaqueo sus pecados, por lo que tiene mejores posibilidades de salvarse que los presumidos que murmuran contra Jesús. Posee el jefe de publicanos la humildad que atrae la gracia de Dios (SV.ES IX:604). Comienza además a transformarse. Ya no se encerrará en sus intereses, sino buscará el interés de los demás, de los pobres específicamente. Renunciará a la extorsión. La prueba, entonces del arrepentimiento es la transformación. Y todo esto se debe al llamamiento de Jesús.

Señor Jesús, hacemos caso a tu llamamiento a que asistamos a tu Cena. Ojalá nos transformemos, acordándonos de tu muerte para el perdón de los pecados, y nos comprometamos a no dar por perdidos a los demás pecadores como nosotros. Y haz que revelemos tu genuino rostro en lugar de velarlo.

3 Noviembre 2019
31º Domingo de T.O. (C)
Sab 11:22 – 12, 2; 2 Tes 1, 11 – 2, 2; Lc 19, 1-10

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