«Tomar partido», dos palabras famosas que han establecido límites entre incontables grupos que compiten entre sí. También se aplican a los espectadores, cuando se ponen del lado de un equipo o del otro. Hay una manera en que la famosa parábola del Hijo Pródigo (mejor dicho, Padre Pródigo) atrae a sus oyentes para que se pongan de lado de uno u otro de los tres personajes.

Está el despilfarrador, que ha malgastado la herencia de su Padre y, lo que es peor, ha traicionado la confianza del Padre. A primera vista, se merece cualquier cosa menos una fiesta de bienvenida. Está el hijo obediente, que vive según las reglas, que está furioso porque no recibe ni la mitad de la atención que recibe de su hermano inútil. Luego está el exuberante Padre que, al dar la fiesta de bienvenida, parece estar favoreciendo al hijo pródigo en vez de al hijo bien educado.

A lo largo de los años, muchos oyentes han sentido simpatía por el fiel y trabajador hermano. Por un lado, puede parecer que se suypone que debe ser así. Por otra parte, ¿no está el Padre dando un ejemplo peligroso a los demás miembros de la familia, no castigando sino recompensando el comportamiento irresponsable? Su mensaje: «¡Si metes la pata, recibes más!»

Luego está el Padre, cuya alegría por el regreso del hijo pródigo anula cualquier pecado que haya cometido. El suyo es un perdón incondicional y una aceptación ilimitada que ningún hijo puede comprender.

¿De qué lado estás? El hermano desvalido recibe misericordia, el obediente se siente infravalorado, o el Padre, cuya alegría por el arrepentimiento supera cualquier otra consideración.

En lugar de enfrentarnos unos contra otros, ¿sería posible comenzar poniéndonos del lado de los tres? Hacer una pausa para ponerse en el lugar de cualquiera de ellos permite apreciar los méritos de cada uno de ellos. Está la vulnerabilidad del primer hijo que se rinde, la injusticia que pica al segundo, y la aceptación sin límites que envuelve al Padre.

¿Podría este enfoque de «escuchar a todas las partes», que la parábola demuestra, servir como un mapa de ruta a través de las fuerzas polarizadoras que actúan en la Iglesia y en el mundo de hoy? Entre otras cosas, ¿podría esta historia pedirnos que habitemos los tres mundos para experimentar cómo se ven las cosas desde el interior de cada uno de ellos?

Esto no quiere decir que no haya diferencias ni que el uno sea tan sabio y objetivo como el otro. Más bien se trata de señalar que la elección de los bandos no siempre es el primer paso cuando aparece la oposición. Tomar en cuenta las preocupaciones de los demás también puede ser una manera de salir adelante.

En su día, Federico Ozanam escribió un inspirador párrafo sobre la vida en un mundo dividido entre los que tienen y los que no tienen. Su consejo era no estar ni con los ricos ni con los pobres, sino tomar una posición intermedia: un pie en ambos mundos y una mano extendida a cada uno. Ofrece esto como uno de los mejores caminos para la reconciliación cristiana.

Los comentaristas nos dicen que por su naturaleza, las parábolas de Jesús se abren a más de una interpretación o a una sola respuesta correcta. Son historias que suscitan múltiples respuestas, cada una de las cuales no necesariamente niega las verdades de las otras y todas ellas pueden encajar en un todo. Que su carácter abierto e inclusivo sea un ejemplo para la vida en nuestro mundo de un lado u otro.

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