Durante el Viaje Apostólico a Mozambique, Madagascar y Mauricio, el Santo Padre Francisco visitó la Ciudad de la Amistad, Akamasoa, donde fue recibido por el fundador de la Obra Humanitaria de Akamasoa, el Padre Pedro Pablo Opeka, CM, quien lo acompañó al auditorio de Manantenasoa, donde se reunieron alrededor de 8.000 jóvenes. Después del canto de entrada, las palabras de bienvenida del Padre Pedro y el breve saludo de una niña de Akamasoa, el Papa Francisco pronunció su saludo, que reproducimos aquí en su totalidad:

Buenas tardes a todos, buenas tardes.

Es para mí una alegría, una gran alegría reencontrar a mi viejo alumno. Padre Pedro fue mi alumno en la Facultad de teología en los años 1967-68. Después él no ha seguido estudiando, ha encontrado el amor por el trabajo, por trabajar. Muchas gracias, padre.

Es una gran alegría para mí encontrarme con ustedes en esta gran obra. Akamasoa es la expresión de la presencia de Dios en medio de su pueblo pobre; no una presencia esporádica, circunstancial, es la presencia de un Dios que decidió vivir y permanecer siempre en medio de su pueblo.

Esta tarde son numerosos en el corazón de esta “Ciudad de la amistad”, que han construido con sus manos y que —no lo dudo— seguirán construyendo para que muchas familias puedan vivir con dignidad. Al ver sus rostros radiantes, doy gracias al Señor que ha escuchado el clamor de los pobres y que ha manifestado su amor con signos concretos como la creación de este pueblo.

Sus gritos que surgen de la impotencia de vivir sin techo, de ver crecer a sus niños en la desnutrición, de no tener trabajo, por la mirada indiferente —por no decir despreciativa— de tantos, se han transformado en cantos de esperanza para ustedes y para todos los que los miran. Cada rincón de estos barrios, cada escuela o dispensario son un canto de esperanza que desmiente y silencia toda fatalidad. Digámoslo con fuerza, la pobreza no es una fatalidad.

En efecto, este pueblo posee una larga historia de valentía y ayuda mutua. Este pueblo es el resultado de muchos años de arduo trabajo. En los cimientos encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de “trasladar montañas”. Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción.

Recuerden lo que escribió el apóstol Santiago: ‘La fe si no tiene obras está muerta por dentro’ (St 2,17). Los cimientos del trabajo mancomunado, el sentido de familia y de comunidad posibilitaron que se restaure artesanal y pacientemente la confianza no sólo en ustedes, sino entre ustedes, lo que les permitió ser los primeros protagonistas y artesanos de esta historia.

Una educación en valores gracias a la cual aquellas primeras familias que iniciaron la aventura con el padre Opeka pudieron transmitir el tesoro enorme del esfuerzo, la disciplina, la honestidad, el respeto a sí mismo y a los demás. Y ustedes han podido comprender que el sueño de Dios no es sólo el progreso personal sino principalmente el comunitario, que no hay peor esclavitud, como nos lo recordaba el padre Pedro, que la de vivir cada uno sólo para sí.

Queridos jóvenes de Akamasoa, a ustedes quisiera dirigirles un mensaje especial: no bajen nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza, ni jamás sucumban a las tentaciones del camino fácil o del encerrarse en ustedes mismos. Gracias, Fanny, por ese hermoso testimonio que nos diste en nombre de los jóvenes del pueblo.

Queridos jóvenes: El trabajo realizado por sus mayores, a ustedes les toca continuarlo. La fuerza para realizarlo la encontrarán en su fe y en el testimonio vivo que sus mayores han plasmado en sus vidas. Dejen que florezcan en ustedes los dones que el Señor les ha dado. Pídanle que les ayude a ponerse al servicio de sus hermanos y hermanas con generosidad.

Así, Akamasoa no será sólo un ejemplo para las generaciones futuras, sino mucho más, el punto de partida de una obra inspirada en Dios que alcanzará su pleno desarrollo en la medida que siga testimoniando su amor a las generaciones presentes y futuras.

Recemos para que en todo Madagascar y en otras partes del mundo se prolongue el brillo de esta luz, y podamos lograr modelos de desarrollo que privilegien la lucha contra la pobreza y la exclusión social desde la confianza, la educación, el trabajo y el esfuerzo, que siempre son indispensables para la dignidad de la persona humana.

Queridos amigos de Akamasoa, querido padre Pedro y sus colaboradores: Gracias una vez más por su testimonio profético y su testimonio generador de esperanza. Que Dios les siga bendiciendo.

Les pido que, por favor, no se olviden de rezar por mí.

Al término de la visita, mientras los jóvenes cantaban una canción, el Santo Padre salió del auditorio y se trasladó en el papamóvil al Astillero Mahatazana, para tener un momento de oración con los trabajadores. Con gran emoción y alegría, el Padre Tomaz Mavric CM, Superior General de la Congregación de la Misión y sucesor de San Vicente de Paúl, asistió a la reunión y saludó brevemente al Santo Padre. «La obra del padre Pedro, la obra vicenciana, refleja plenamente el carisma vicenciano, del que recientemente celebramos el cuarto centenario. El Padre Pedro siguió los pasos de San Vicente en su atención constante a los pobres —dijo el Padre Tomaz—. Con esta visita, el Papa abraza idealmente a todos los misioneros vicentinos que, en África y por todo el mundo, dedican sus vidas a servir a los pobres como San Vicente nos enseñó».

Después del momento de la celebración, es necesario continuar perseverando en la acción y el Padre Tomaz, señalando los compromisos actuales de la Familia Vicenciana, subrayó: “Este momento importante debe ser vivido como un momento de reflexión para continuar y mejorar siempre en nuestra misión. En primer lugar, somos llamados a dar testimonio. No somos una ONG, somos Iglesia y lo poco que hacemos lo hacemos por Jesús, cada día Jesús está encarnado en tanta gente. Para nosotros, esos rostros son los rostros de los pobres; de hecho, uno de los desafíos concretos como vicencianos está representado por la Alianza Global de la Familia Vicentina en favor de las personas sin hogar, un proyecto de alcance mundial».

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