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Humildes seguidores de Jesucristo

por | Ago 29, 2019 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Jesús es la prueba definitiva de que Dios enaltece a los humildes y paga a los solidarios con ellos. Nos llama nuestro Maestro a tal humildad y tal solidaridad.

Jesús es uno de los convidados por uno de los principales fariseos. Es decir, no está entre los humildes.

Se encuentra más bien entre ciudadanos notables por su conocimiento de la ley y su observancia estricta. Por eso, la gente los tiene en gran estima y ellos, por su parte, se creen con derecho a juzgar a los demás. No extraña, pues, que espíen a Jesús, lo que seguramente pone en cuestión la sinceridad del anfitrión.

Jesús, en cambio, es honesto. Después de todo, preside a los humildes que forman parte del remanente de Israel, quienes no dicen mentiras (Sof 3, 12-13). Dice entonces la verdad, sin fijarse en el estatus, como si se ajustara ahora a los halagos de más adelante por parte de los fariseos (Lc 20, 21). Pero realmente, no le importa a Jesús, —ni a su Padre—, la posición social ni la nacionalidad (Hch 10, 34-35). Así pues, dice a los demás convidados que ser humildes ellos tiene sentido.

Y no le libra Jesús al anfitrión del dolor que la verdad conlleva. Le dice que es mejor invitar a los que no podrán corresponder; es mejor optar por ellos. Así se le pagará al que invita en la resurrección de los justos.

Jesús, el más humilde de los humildes, acoge a los humildes y quiere que seamos como él.

Personifica Jesús su enseñanza sobre la humildad. Pues por nosotros se hace pobre y maldición (2 Cor 8, 9; Gál 3, 13). Se hace además como pecado para que nos hagamos justos (2 Cor 5, 21). Y lo que es aún más revelador, se humilla, para salvarnos, haciéndose obediente hasta la muerte de cruz (Fil 2, 6-11). Por eso, Dios lo exalta sobre todo. No, no se puede negar que alcanzan los humildes el favor de Dios.

Alcanzan también el favor de Jesús. Pues otra vez como su Padre, el Hijo pone sus ojos más en los humildes que se estremecen ante las palabras divinas que en las grandezas de las que podamos engreírnos. (Is 66, 1-2).

Huelga decir que seguir a Jesús significa ser como él y hacer lo que él. Por una parte, pues, los verdaderos cristianos humildemente consideran superiores a los demás. Por otra parte, se hacen solidarios con los humildes (Rom 12, 16). Fundamentalmente, son humildes porque se basan en la verdad de que son nada sin Dios (véase SV.ES XI:238). Y practican la solidaridad, reconociendo que viven y comen debido al sudor y el trabajo de los humildes (SV.ES XI:121).

Por eso, su participación en la Eucaristía, la que entraña un compromiso en favor de los pobres (CIC 1397), es verdaderamente la prenda de la asamblea de los primogénitos en el cielo.

Señor Jesús, haz que «aprendamos a ser verdaderamente humildes de corazón, por tu gracia y por tu ejemplo» (SV.ES XI:495).

1 Septiembre 2019
22º Domingo de T.O. (C)
Eclo 3, 17-18. 20. 28-29; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lc 14, 1. 7-14

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