Jesús preside a los que a quienes tiene a bien el Padre dar el reino.  Los verdaderamente suyos se mantienen valientes, vigilantes, preparados, fieles. 

Enseñó anteriormente Jesús:  «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios».  Ahora dice que esa enseñanza se aplica a los que forman parte del pequeño rebaño.  Por eso, han de ser ellos suficientemente valientes para desprenderse de sus bienes a fin de asistir a los pobres.  No deben andar agobiados por la vida pensando qué van a comer, ni por su cuerpo pensando con qué se van a vestir (Lc 12, 22).  Pues tienen que confiar en Dios.  Después de todo, al darles Dios el reino, se les da por añadidura lo demás que necesitan (Lc12, 31).

Y siendo valientes de esa forma, los seguidores de Jesús logran prepararse además para la otra vida.  Es decir, consiguen servirse sabiamente de sus bienes de tal modo que se les acoja a ellos «en las moradas eternas» (Lc 16, 9).

Es más importante, entonces, acumular tesoros celestiales que acumular riquezas terrenales.  Y como los discípulos no saben cuándo se acaba su tiempo en la tierra, han de ser más que valientes.  Así pues, los exhorta Jesús a mantenerse vigilantes también, preparados y fieles.

Quiere Jesús que ellos tengan ceñida su cintura y encendidas las lámparas.  En otras palabras, han de conducirse como aquellos que vigilantes y preparados aguardan a que su señor vuelva para abrirle apenas venga y llame.  La aparente tardanza del señor en llegar no debe causar que ellos desahoguen sus frustraciones y cansancio en otras personas.  Ni ha de llevar a que descuiden sus deberes.  O a que sean indiferentes, buscando solo saciarse, comiendo y bebiendo, e irse a dormir.

Los de Jesús se mantienen valientes, vigilantes, preparados, fieles.

Nos decimos seguidores de Jesús de hoy día, lo que plantea la cuestión de si nos mantenemos valientes, vigilantes, preparados, fieles.  Y necesitamos serlo más que nunca (véase J.A. Pagola).  Es que el nacionalismo, por ejemplo, el racismo, se está manifestando en toda su crudeza.

Es hora que asumamos responsabilidades y nos hagamos los pobres de Yahvé, pocos, el remanente, valientes, vigilantes, preparados, fieles.  Sin tener nada, solo nuestra fe en Dios, no encerrándonos en nuestros intereses, sino buscando los intereses de los demás (Fil 2, 4).

Pocos somos, sí, pero tenemos que ser valientes.  Debemos tener en cuenta que la obra de Jesús no se lleva a cabo tanto por la multitud de obreros como por la fidelidad del pequeño grupo al que ha llamado (SV.ES III:60).

Señor Jesús, haz que nos mantegamos valientes, vigilantes, preparados y fieles ante los desafíos de la vida y la muerte.  Que así seamos ricos a los ojos de Dios.  Y que perseveremos en la fracción del pan para que tu aparente ausencia o tardanza en llegar no ocasione olvido y enfriamiento en nuestros corazones (SV.ES XI:65).

11 Agosto 2019
19º Domingo de T.O. (C)
Sab 18, 6-9; Heb 11, 1-2. 8-19; Lc 12, 32-48


Tags: ,

Pin It on Pinterest

Share This