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La misión en la Sociedad de San Vicente de Paúl

por | Ago 5, 2019 | Formación, Reflexiones, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 comentarios

Las empresas privadas, e incluso los organismos públicos, cuando elaboran sus planes estratégicos suelen definir la misión, valores y visión de futuro de sus entidades. La misión tiene que ver con la razón de existir de la institución. Los valores, con las creencias. Y la visión de futuro se refiere a como ella quiere ser vista o percibida por la sociedad civil, dentro de cinco o diez años.

En el caso de la Sociedad de San Vicente de Paúl, su misión y visión están contenidas en la Regla, documento creado en 1836 por nuestros fundadores y que, tras pocas actualizaciones, llega al siglo XXI con el mismo espíritu primitivo que guió a nuestros antepasados.

La misión de la Sociedad de San Vicente de Paúl es buscar la santificación personal de sus miembros, por medio de la oración y la visita a los que sufren, practicando la caridad evangélica predicada por nuestro Señor Jesucristo. Sus valores son la humildad, la caridad, la simplicidad (tres virtudes de san Vicente de Paúl) y el desapego del propio parecer. Su visión de futuro es transformar la realidad excluyente, construyendo un mundo más justo y menos desigual.

Este trabajo se alcanza a través de las Conferencias, que son grupos en los que los católicos seglares se reúnen semanalmente para debatir las mejores estrategias de la acción caritativa ante los pobres, donde se lleva a cabo el perfeccionamiento espiritual de sus miembros. La misión vicentina, a diferencia de lo que pueda parecer, comienza en la Conferencia, para luego florecer en la casa del pobre.

Para que el vicentino pueda desarrollarse íntegramente necesita perfeccionar su fe, sus prácticas eclesiales, su forma de ver el mundo, su reflexión sobre las desigualdades sociales y su manera de proponer salidas a la exclusión, el sufrimiento, el abandono, el olvido, la miseria y la falta de Dios en un ambiente secularizado. Esta es la misión del vicentino: ser sal en la tierra, ser luz en el mundo, ser condimento entre las personas, ser el brote que germina en suelo árido, y marcar la diferencia en el desierto de las adversidades humanas.

La misión vicentina hoy en día es la misma que en los tiempos de Ozanam, Bailly, sor Rosalía, Le Prevost y el resto de visionarios que fundaron la Sociedad de San Vicente de Paúl en 1833: nos referimos a la caridad y a la promoción integral de los asistidos. Para que esta acción sea eficiente es necesario que los consocios se preparen mejor para los desafíos del mundo contemporáneo, donde la pobreza tiene otras facetas (como es la exclusión digital) y donde los males continúan persiguiendo al pueblo de Dios.

Al mismo tiempo, cuando oímos la palabra «misión» pronto la asociamos al desafío, a la meta que ha ser alcanzada, a la acción orgánica con una finalidad específica. Así, la misión en la Sociedad de San Vicente de Paúl es la fuerza que mueve sus Consejos, sus Obras Sociales y sus Conferencias, buscando la superación de la miseria, la transformación de la realidad actual y la santificación de sus miembros.

Casi siempre asociamos la misión vicentina con la vocación vicentina, y es algo plenamente comprensible, pues nuestra vocación es seguir a Jesucristo, dando testimonio de su amor liberador, «sirviendo en esperanza»[1], ayudando a aliviar el sufrimiento o la miseria y promoviendo la dignidad e integridad del hombre en todas sus dimensiones[2].

Es muy importante que orientemos bien a los aspirantes que frecuentan nuestras Conferencias y que están saboreando lo que es ser vicentino. Ellos necesitan conocer la misión de nuestra Sociedad y no tener una visión distorsionada de nuestra acción. A veces, algunos neófitos confunden a la Sociedad de San Vicente de Paúl con clubes de servicio, con algunas ONGs que actúan en el campo social, con Cáritas, con la «Pastoral Social» o, sencillamente, con un grupo de voluntarios que entrega cestas básicas a los pobres. Pero, en realidad, esos no son los elementos de la verdadera misión vicentina.

Así, la misión vicentina es básicamente el encuentro con el pobre, en sus casas y cobijos, en hogares en los que casi no hallamos ni una sonrisa, llevándoles una palabra amiga, un donativo material y un consejo cristiano. Por este tipo de trabajo, la Sociedad de San Vicente de Paúl es única. No se parece a nada de lo que hay por ahí. Para ese encuentro (que también podemos considerar una especie de sacramento, pues es el encuentro del vicentino con Jesús en la persona del pobre), el divino Espíritu Santo ejerce un papel preponderante, guiando la visita y haciéndola instrumento de paz, alegría y liberación.

De la misma manera, la misión vicentina está intrínsecamente ligada a la misión evangelizadora de la Iglesia por su testimonio visible, en acciones y palabras, a favor de los pobres, buscando un orden social más justo y equitativo que conduzca a la cultura de la vida y a la civilización del amor[3]. ¡Ahí está nuestra misión!

Dejamos una pregunta para el debate en la reunión de la Conferencia: ¿Qué característica de la misión vicentina es la más importante para ti? ¿Por qué?

[1]     Lema del Consejo General Internacional.

[2]     Temas contenidos en el ítem 1.3 de la Regla Internacional.

[3]     Cf. Regla Internacional, 7.2.

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

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