El contexto de una parábola

La Hermana Joyce Meyer asistió a una reunión de líderes de congregaciones de 80 países en Roma, representando a más de 450.000 religiosas por todo el mundo. El tema de la asamblea fue Sembradoras de esperanza profética. Entre sus ejercicios contemplaron imágenes de pequeñas semillas que se abrían paso a través superficies extremadamente duras, en lo que parecia algo casi imposible. Estas y otras imágenes fueron recordadas para buscar estar atentos a las pequeñas acciones que comienzan a cambiar los paisajes de situaciones increíblemente imposibles. Varias semanas después, todavía está reflexionando sobre el impacto que provocó el papa Francisco cuando se reunió con ellas.

He aquí una parábola extraída de su reciente reflexión.

La parábola

Cuando entré en la sala de audiencias, esperaba ver la silla del papa en el escenario, donde la había visto en otras ocasiones, un lugar desde donde los papas ofrecen mensajes a las audiencias.

«¿Donde está la silla?» Pensé. «¡No está!»

Busqué y finalmente la encontré en un lugar muy diferente, otra sorpresa de la semana. Estaba situada a nivel del piso, frente a las sillas donde estaban sentadas las hermanas.

El papa Francisco entró en la sala de audiencias desde la parte de atrás después de bendecir la hermosa exhibición contra la trata que se exponía en el pasillo; se dirigió a su silla y las hermanas le dieron la bienvenida con entusiasmo. Una vez sentado, la Hna. Carmen Sammut, ahora ex presidenta de la UISG, se levantó y avanzó para saludarlo. Para mi sorpresa, mientras lo hacía, el papa se levantó, la saludó y pidió que le trajeran otra silla. La invitó a sentarse a su lado en su mesa.

Tenerla sentada al lado de él ya era un cambio de protocolo no anunciado, pero que no terminaba allí. Un asistente le entregó al papa Francisco su discurso, el cual, en lugar de leer, se lo entregó a la hermana Carmen y le dijo: «Puedes leer esto más tarde. Ahora quiero conversar con las hermanas».

Fue impresionante. Otra ruptura con el protocolo.

No hubo preguntas escritas y examinadas antes de que el Papa las contestara. La conversación iba a ser totalmente abierta, sin temor a lo que se podría decir. Me sorprendió la vulnerabilidad en esta acción.

El Papa Francisco invitó a cualquier hermana que deseara preguntar lo que quisiese. Algunas hermanas hicieron preguntas, pero una me conmovió profundamente, principalmente por el coraje que la hermana necesitó.

Una hermana del Sagrado Corazón de Jesús de Sudán del Sur le preguntó directamente: «Santo Padre, ¿por qué hay todavía cinco vacantes para obispos en Sudán del Sur? Somos un país sin pastores. Necesitamos obispos. ¿Cuándo haremos algo para cambiar esto?»

El Papa Francisco se quedó callado por un momento antes de aceptar que no es bueno estar sin el liderazgo de la iglesia en ese país devastado por la guerra. Luego explicó que aún no ha identificado a nadie que, a su juicio, podría ser nombrado obispo, o encontrado a quienes estuvieran dispuestos a aceptar los puestos. También mencionó su deseo de visitarles y lamentó que la visita planeada el año pasado se pospusiera por razones de seguridad.

Todos estos cambios pueden parecer insignificantes, pero encendieron una nueva esperanza en mí. Son pequeñas semillas sembradas que pueden ser parte de la ruptura a través de una rigidez aparentemente inmutable de una jerarquía que se aferra al poder.

Una parábola para la consideración de la Familia Vicenciana

Al leer esta historia, me pareció que era una parábola para que todos los miembros de la Familia Vicenciana reflexionaran mientras nos esforzamos por servir a nuestros hermanos y hermanas marginados.

Comencé pensando en todos los pequeños rituales inconscientes que tenemos en muchos de nuestros entornos ministeriales, especialmente aquellos en los que las personas con necesidades acuden a nosotros en lugar de cuando vamos a ellos.

También pensé en lo fácil que es caer en el discurso habitual, en lugar de escuchar realmente los corazones de aquellos a quienes pretendemos servir. ¿Cuándo es necesario tirar nuestros guiones? ¿Qué sillas necesitamos mover?

¿Cuántas veces compartimos nuestras frustraciones por no poder dar respuestas inmediatas?

Una sugerencia

Lee toda la reflexión (en inglés). Presta especial atención a los pequeños detalles que la impresionaron. ¿Hay casos en los que ves que podrías hacer pequeños cambios en el entorno de tu ministerio y en la forma en que escuchas?

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