Jesús nos manda ponernos en camino.  Nos envía como corderos en medio de lobos, proclamando que ha llegado el reino de Dios y llevando sus marcas.

La misión es una de la marcas de los discípulos.  Envía Jesús a los doce (Lc 9, 1-6), pero también a otros setenta y dos.  Jesús, entonces, los designa misioneros a sus íntimos y a los que no lo son.  A él le toca llamar y enviar.

Forma parte, pues, de las marcas de los seguidores de Jesús la disponibilidad de ir cuando sea.  Es que el dueño de la mies sale a toda hora, buscando a obreros.  Nadie puede quedar sin trabajar, si se toma en cuenta especialmente que la mies es abundante.

Los seguidores de Jesús están listos también para ir a cualesquiera y adondequiera.  La misión de los más cercanos a él, representantes de las doce tribus de Israel, quizás indique acercamiento a los judíos.  La de los otros setenta y dos, en cambio, sea tal vez apertura a los gentiles.  Pues «setenta y dos» («setenta» en unos textos) posiblemente nos remita a las setenta y dos (en la Septuaginta) o setenta naciones en Gén 10.

Se acerquen ellos, sin embargo, sea a los judíos sea a los gentiles, los seguidores de Jesús han de llevar las marcas que los revelen suyos.  Primero, los cristianos deben ser creíbles.  Tienen que establecer la veracidad de su proclamación conforme al testimonio de al menos dos personas.  ¿Sería por eso que van de dos en dos los otros setenta y dos?

Pero sobre todo los cristianos se acreditan por demostrar en su forma de ser y vivir que inaugura Jesús, por citar a Pablo VI,

el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.

Otras marcas de los misioneros y misioneras tienen que ver con la manera de cumplir su misión.

Los cristianos no tenemos que seguir literalmente las instrucciones del Evangelio de hoy.  Lo importante es guardar el espíritu de las instrucciones, si bien no hay que descartar a cuantos se conforman a la letra.  Pues es sabio este comentario:  «El que no hace caso de las mortificaciones exteriores, diciendo que las interiores son mucho más perfectas, demuestra muy bien que no es mortificado ni interior ni exteriormente» (SV.ES XI:759).

Y pensándolo bien nosotros, ¿acaso no nos enseñan estas instrucciones la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificación y el celo?

Señor Jesús, Cordero de Dios, la participación en tu Cena nos deja con tus marcas.  Haz que seamos fieles a ti, a tu Cena y a nuestra misión, siendo alegría para los tristes y esperanza para los desesperanzados.

7 Julio 2019
14º Domingo de T.O. (C)
Is 66, 10-14c; Gál 6, 14-18; Lc 10, 1-22. 17-20


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