Jesús es el que por quien Dios definitivamente habla a su pueblo.  Escuchar a Jesús y guardar su palabra lleva a la comúnion y la paz.

Continúa despidiéndose Jesús de sus discípulos.  Y seguramente le están escuchando muy atentos para que luego puedan recordar y guardar su palabra.  Después de todo, Jesús no solo los conforta, sino que también les comunica sus últimas instrucciones antes de morir.

Y para que no se les turbe el corazón a los discípulos ni tengan miedo ellos, destaca Jesús la suma impotancia de que ellos le amen.  «Amar» o «amor» se encuentra cinco veces en el evangelio de hoy día y cinco veces más en el resto de Jn 14.  Según el Maestro, permanecer ellos en su amor es lo que cuenta sobre todo.

Quienes de verdad aman a Jesús no pueden menos que guardar su palabra.  Y ese amor observante les asegura además del amor del Padre y lleva en seguida a que el Padre y Jesús hagan morada en ellos.  Oyen, entonces, la palabra del Padre cuando escuchan a Jesús.  Y una cosa más, morándose en ellos el Padre y Jesús, no vacilarán los discípulos.

Y aún más valientes han de ser a causa del Espíritu que el Padre les enviará en nombre de Jesús y a petición de éste.  El Espíritu también les enseñará todo, les recordará las enseñanzas de Jesús, y hablará por ellos y los defenderá.

Nada, entonces, puede impedirles a los seguidores de Jesús mantenerse en paz, o mejor dicho, en la paz de Jesús.  Pues su paz es realmente la paz que él les da.  No es la paz que los poderosos imponen a los vencidos por ellos, víctimas de la injusticia y las mentiras.  Es, más bien, la paz que produce la guarda de la enseñanza, encarnada por Jesús, de que la grandeza está en el servicio.  De que ser el primero quiere decir ser el esclavo de todos.

Y si no es así entre nosotros que nos decimos seguidores de Jesús, terminaremos sin guardar su palabra y sin amarle.

Señor Jesús, haz que procuremos guardar, sin cejar, tu palabra y mostrarte nuestro amor.  Ojalá no tengamos jamás la pasión de parecer el maestro (SV.ES XI:238) ni nos mordamos ni nos devoremos unos a otros.  Concédenos, guiados por el Espíritu Santo, no interpolar en las Escrituras, ni extrapolar de ellas, nuestras inclinaciones, sea conservadoras sea progresistas.  No nos permitas imponer a los demás cargas propias de nuestra cultura, sicología o crianza.  Y  cuéntanos entre tus criados a quienes harás sentar a la mesa en la nueva Jerusalén.

26 Mayo 2019
6º Domingo de Pascua (C)
Hech 15, 1-2. 22-29; Apoc 21, 10-14. 22-23; Jn 14, 23-29


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