«Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Alégrense!»

Hech 2, 14. 22-23; Sal 15; Mt 28, 8-15.

Es la mañana de resurrección. Las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío. Un ángel les anuncia que no van a encontrar ningún cadáver, que Jesús resucitó. Luego Jesús les sale al encuentro con una palabra: ¡Alégrense! Ellas no hablan, lo único que aciertan a hacer es abrazarse a sus pies, postradas.

Lo tocan, es él, está vivo, el corazón reverdece después de tanto dolor y desesperanza de los días anteriores. Los proyectos reviven, el sentimiento de abandono, de soledad desaparecen. Postradas, a los pies de Jesús, renacen estas discípulas, y renacen todos los discípulos, y toda la humanidad.

Una sola palabra para esta Pascua: ¡Alégrense! Y una sola actitud ante el misterio de la resurrección: Postrarse a los pies de Jesús y ahí, tocando la tierra, sentir que nos salen raíces, y que crecemos, y que nos brotan en el corazón flores, y de las flores, frutos; y que cantan los

pájaros y la vida se llena de colores.

Abrazados a esos pies encontraremos nuestra consistencia, la vida resucitada de Jesús nos inundará. Y florecerá la nuestra, y dará frutos, y tendrá rumbo, y encontrará su plenitud.

Abrazados a esos pies de Cristo resucitado.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón S., cm

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