Ex 12, 1-6. 11-14; Sal 115; 1 Cor 11, 23-26; Jn 13, 1-15.

“Y se puso a lavarles los pies a sus discípulos”

Durante la última cena, en el lugar en que los Evangelios Sinópticos nos narran la institución de la Eucaristía, San Juan coloca esta escena del lavatorio de los pies.

La narración es solemne y profunda: “Sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo…” Advertimos que este gesto de Jesús encierra todo el significado de su vida y de su próxima muerte, que es la clave para llegar a la comprensión auténtica de su misión y de su proyecto para el hombre. Lavar los pies, un gesto tan humilde, propio de siervos, de esclavos, se convierte en la síntesis de todo el misterio de Jesús.

Al final, el mismo Jesús nos lo explica: “Si yo, que soy maestro y señor, les lavo los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.”

–Esto que hice hoy es lo que he hecho toda mi vida, es como he vivido siempre y es la única manera de vivir con sentido y con provecho. Es lo que deseo para ustedes.

Que toda nuestra vida, hermanos, se pueda resumir en ese gesto de lavar los pies a los demás. Para que nuestra vida tenga sentido, como la de Jesús.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón S., cm

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