El P. Tomaž Mavrič escribía a la Familia Vicenciana en la fiesta de San Vicente de Paúl, en septiembre pasado:

En mi carta del 25 de enero de 2017, en el inicio del 400 Aniversario del Carisma Vicenciano, invité a cada miembro de la Familia Vicenciana a dar un paso muy concreto; esto es, cada miembro debe traer un nuevo candidato a una de las ramas de la Familia Vicenciana.

Este mensaje me vino a la mente cuando leí a alguien usando el concepto de ecosistema para conectar la celebración simultánea del Día de la Tierra y el Día Mundial de Oración por las Vocaciones. Una parte de mí pensó: «¿Eh?». Sin embargo, otra parte de mí pensó: qué analogía más adecuada.

Nunca pensé en una «cultura de vocaciones» en términos de un ecosistema. Pero San Pablo lo hizo mucho antes de que las palabras «ecología» y «ecosistemas» entraran en nuestro vocabulario. Recuerde su concepto del «cuerpo de Cristo» (1 Corintios 12, 12-31) y cómo las partes están interconectadas y al servicio de los demás. Nos dice en su escrito que todas las partes del sistema tienen contribuciones para el bien del todo.

Una verdad olvidada

Dentro de la Familia Vicenciana, especialmente en muchos países desarrollados, somos conscientes del «encanecimiento» de muchas ramas de la familia. Cuando entré a la Provincia Oriental de la Congregación de la Misión hace unos sesenta años, éramos más de 400 miembros. Hoy rondamos los 100.

Para muchos, ha habido una tendencia a duplicar nuestros programas de difusión y centrar nuestros esfuerzos vocacionales en un grupo de edad en particular, hombres o mujeres… siempre con miras a nuestras propias ramas de la Familia Vicenciana.

Me parece que el P. Mavrič (y el Papa Francisco) parecen pedir un cambio sistémico en nuestro enfoque de la vocación. Nos piden que observemos el ecosistema del carisma vicenciano, manifestado en la Familia Vicenciana. Algo así como cuando Jesús le pide a un grupo de cansados pescadores que «ahora vayan a la parte honda, y lancen las redes para pescar«. Nos pide que seamos directores vocacionales los unos para los otros, no solo para nuestra propia rama.

Pensando en esto puede que no sea algo nuevo, sino más bien la ampliación de algo que escuché a menudo en mis primeros años. Al escuchar las historias vocacionales de hombres que sirvieron en la Congregación de la Misión en el siglo pasado, a menudo había un hilo común. «Fue una Hija de la Caridad quien me dirigió hacia la Congregación de la Misión».

Lo que tal vez sea nuevo en la llamada del P. Mavrič es la expansión de esta llamada. Lo leí como un llamamiento para que cada miembro de cada rama invite a personas de todo el mundo a considerar participar en el carisma para «llevar la Buena Nueva a los pobres». Quizás hemos puesto demasiado énfasis en el Director de Vocaciones y no lo suficiente en nosotros mismos. Y tal vez nos hemos centrado demasiado en nuestra rama particular.

No creo que sor Rosalía Rendu se considerara una Directora de Vocaciones para las Hijas de la Caridad. Lo que ella hizo tan simple y humildemente fue invitar a la gente a caminar junto a ella en sus más de 50 años sirviendo en un barrio parisino. Hizo que las personas se implicasen en llevar las Buenas Nuevas. Gracias a ella tuvimos una nueva rama de la Familia, que hoy cuenta con cientos de miles de miembros.

Ecosistema del Carisma Vicenciano

El P. Mavrič amplia su pensamiento: 

La cultura de las vocaciones significa un ambiente en el que toda persona puede descubrir y redescubrir su razón de ser en esta tierra, el sentido de su vida, la misión que está llamada a realizar, la llamada a la que está invitada a dar una respuesta. La cultura de las vocaciones da prioridad a Jesús, ya sea la vocación al estado laico o a la vida consagrada.

Portamos en nuestro corazón el profundo deseo de transmitir a las futuras generaciones el carisma y la espiritualidad que hemos recibido. A la vez, presentamos sin cesar a Dios nuestra oración para que nos conceda nuevas vocaciones, al mismo tiempo que numerosos esfuerzos e iniciativas. El comienzo del quinto siglo del carisma vicenciano nos ofrece una nueva ocasión de intensificar nuestros esfuerzos en favor de una cultura de las vocaciones. Esto se armoniza bien con el tema del Sínodo de los obispos de este año, que tendrá lugar en Roma en el mes de octubre: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

Confiemos todo esto a la Providencia y a la intercesión de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, de los Santos, de los Beatos y de los Siervos de Dios de la Familia vicenciana y animémonos mutuamente con las palabras que san Vicente de Paúl respondió cuando le preguntaron lo que hubiera querido hacer de su vida: «aún más».

Su hermano en san Vicente,

Tomaž Mavrič, CM
Superior general

Finalmente, te invito a reflexionar estas preguntas:

  • ¿Cómo he respondido a esta invitación hasta ahora?
  • ¿Cuán activo he estado en la primera mitad del año jubilar en esta área?
  • ¿Animé a alguien a participar en una de las ramas de la Familia Vicenciana, ya sea en una de las Congregaciones de vida consagrada de mujeres o de hombres o en una de las ramas seglares?

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