Pastores buenos y ovejas discernidoras

por | Abr 18, 2018 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es el buen Pastor.  Conoce a sus ovejas, y ellas lo conocen y siguen.  Pero huyen de los pastores a quienes desconocen y cuya voz no reconocen.

Condena Dios a los jefes que se aprovechan del pueblo.  Son pastores que se apacientan a sí mismos.  Por lo tanto, Dios promete destituirlos.  Él mismo apacentará a sus ovejas.  Las librará de las fauces de los pastores oportunistas.

Y cumple Dios su promesa al enviarnos a su Hijo.  Nos apacienta, sí, mediante Jesús.  Y se acredita el buen Pastor por su compasión efectiva de las gentes, porque andan como ovejas sin pastor.

Así que Jesús no es nada como los jefes o pastores explotadores.  A diferencia de los que se encierran en sus intereses, Jesús busca los intereses de los demás.  El buen Pastor se preocupa de sus ovejas.  Por eso, busca las ovejas perdidas y descarriadas, fortalece las débiles, cura las heridas y las enfermas.

No, Jesús no abandona jamás a los suyos.  Ellos le interesan sobremanera.  Los ama hasta el extremo.  Es decir, no huye para salvarse a sí mismo.  Así custodia a los que el Padre le dio, para que ninguno se pierda, menos el hijo de la perdición.

Dando la vida por nosotros, lleva Jesús a pleno cabo su enseñanza:

Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes les oprimen.  Vosotros nada de eso:  el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos.  Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

Una vez más, se diferencia enormemente el buen Pastor de los pastores que tiranizan a las ovejas severamente.  Y una cosa más, el buen Pastor promueve la unidad:  «habrá un solo rebaño, un solo Pastor».

Danos, oh buen Pastor, pastores según tu corazón que nos apacienten con conocimiento y sabiduría.  Aseméjanos a ti a los que participamos de la mesa de tu Palabra y de tu Sacramento.  Así no tendremos «la pasión de ser el maestro» (SV.ES XI:238) y distinguiremos los verdaderos pastores de los falsos.

22 Abril 2018
4º Domingo de Pascua (B)
Hch 4, 8-12; 1 Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18

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