Libres de pecado y de todo agobio

por | Ene 26, 2017 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es el preeminente de entre los que, libres de pecado y agobio, se entregan a Dios y al prójimo.

Teniendo a Moisés por mediador, Dios promulgó en el monte Sinaí los mandamientos.  Pero en esta etapa final, hablándonos por su Hijo en una montaña también, Dios proclama un Nuevo Estatuto.  Es el definitivo que nos hará libres.

Quizás protestamos como unos judíos creyentes en Jesús.  Altercan ellos con él, calificándose de  libres siempre.  Dicen que, por ser ellos del linaje de Abrahán, nunca han sido esclavos de nadie.  Les replica Jesús:  «Os aseguro que quien peca es esclavo».

Aun después de salir de Egipto, permanecían esclavos todavía los israelitas.  Se encontraban libres ya de la opresión egipcia por la mano poderosa y el brazo extendido del Señor.  Pero tenían reservas, demostrando así que apenas comprendían la importancia de su liberación y la omnipotencia de su Libertador.

Acusaron a Moisés.  Le echaron en cara:  «¿No te decíamos ya en Egipto:  “Déjanos en paz, y serviremos a los egipcios?”».  Hambrientos, soñaron despiertos con sentarse junto a sus ollas de carne y comer pan hasta hartarse.  También murmuraron sedientos contra Moisés.  Reclamaban:  «Por qué nos ha sacado de Egipto, ¿para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?».  Al parecer, no les gustaba ser libres.

Con todo, Dios no abandonó a los israelitas a su triste situación de imcomprensión y falta de deseo de verse libres.  Pronunció en el monte Sinaí las palabras de los mandamientos.  Y así se nos aclara efectivamente en qué consiste la liberación.  Ser libres nosotros es amar a Dios con todo nuestro ser y al prójimo como a nosotros mismos.

Con el Sermón de la Montaña, Jesús nos propone una manera de guardar más plenamente la ley y los profetas.  Él es la personificación preeminente de esa manera.

Jesús es el pobre que confía en absoluto en Dios.  Por eso, no puede sino amar a Dios.  Él es es el primogénito de entre los humildes que buscan al Señor y cumplen sus mandamientos.  Lidera él a los elegidos por Dios para humillar a los fuertes y a los honorables.  Es que Jesús es el menos poderoso y el más despreciable.

Él no se vuelve atrás ante oposiciones, persecuciones , insultos y calumnias.  Ni se da por vencido.   Sufrido, misericordioso y sencillo, busca el reino de Dios, su justicia y su paz hasta el fin, sometiéndose a una muerte de cruz.

Y para animarnos a imitarlo, Jesús nos deja una memoria de sus proezas.

Señor, concédenos ser cristianos de verdad, no solo en pintura (SV.ES XI:561).

29 Enero 2017
4º Domingo de T.O. (A)
Sof 2, 3; 3, 12-13; 1 Cor 1, 26-31; Mt 5, 1-1a

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