Vicente podría contar una buena historia

por | Ago 25, 2016 | Formación, John Freund, Reflexiones | 0 comentarios

J. Patrick Murphy, CM, escribe que el señor Vicente tenía un temperamento combativo, era un buen imitador, podría contar una buena historia, y era encantador para las mujeres. Y propone la siguiente…

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Lección: «Conoce tus dones, fortalezas y límites; a continuación, aprovéchalos».

El 28 de marzo de 1659, año y medio antes de su muerte, Vicente profesó, pública y humildemente, ante la comunidad:

Me enfado, cambio de humor, me quejo, murmuro… Otras veces trato con aspere­za a la gente, hablo en voz alta y con sequedad… Algunos, como yo, hosco de mí, siempre se pre­sentan de mal talante y con cara de pocos ami­gos (SVP ES XI, 475-477).

Su carácter gascón era propenso a la exageración y, sin embargo, su conversación era muy atrayente, lo que podría ser visto como señal de que no era tan seco como se dijo que era. Sabemos que era capaz de combinar la seriedad con el humor y lo agradable con lo útil.

Uno sencillamente ha de leer sus conferencias y cartas para descubrir su sentido del humor. Una forma distinta de humor surgió espontáneamente de su origen campesino y de su relación con la pobre gente del campo… y este humor se expresa a menudo en forma de ironía cómica.

A un sacerdote de la Misión que había pedido salir de la comunidad para ayudar a su anciano padre, el sr. Vicente le contesta: “… No es ése el caso de su padre, ya que sólo tiene 40 ó 45 años, todo lo más y está bien de salud, puede trabajar y efectivamente trabaja; si no, no hubiera vuelto a casarse, como lo ha hecho hace poco con una joven de 18 años, de las más guapas de la ciudad; él mismo me lo ha dicho…” (SVP ES II, 476-477).

El P. Renaudin declaró que si la caridad no hubiera sido la gran preocupación de Vicente, fácilmente podría haber sido un satírico (San Vicente de Paul, Marsella, 1929, p. 25).

Es sorprendente cómo fue capaz de trivializar situaciones y comportamientos que no estaban de acuerdo con la sencillez evangélica… y, sin embargo, nunca recurrió al sarcasmo o el ensañamiento. No quería hacer daño a la persona, sino que sometía al ridículo a cualquier conducta licenciosa o vana.

El Hermano Ducournau, secretario de Vicente, señaló que cada individuo estaba muy atento cuando Vicente hablaba, muchos encantados de escucharle, y los que estaban ausentes menudo preguntaban sobre lo que dijo, expresando su pesar por no haber estado presentes (SVP ES XI, 835). Era realmente una alegría el poder participar en uno de los eventos de la comunidad, en los que Vicente habló con palabras que levantaban el ánimo de sus oyentes y que expresaban su sabiduría práctica y su autoridad.

En cuanto a ser encantador con las mujeres… solo hay que mirar el éxito de las Cofradías de la Caridad y de las Damas de la Caridad, por no hablar de las Hijas de la Caridad.

Lecciones personales:

  • ¿Cuán bien nos conocemos… nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades?
  • ¿Utilizamos bien nuestros puntos fuertes, al servicio de los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas?
  • ¿Podemos reconocer los momentos en que nuestra debilidad se interpone en el camino del servicio a los demás?

La inspiración de lo anterior proviene del artículo «Espiritualidad vicenciana: alegría«, de Antonino Orcajo, CM.

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