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Otra voz nueva desde las Naciones Unidas

por | May 16, 2016 | Noticias, Presencia en la ONU, Reflexiones, YoSoyVicente | 0 comentarios

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En nuestra oficina de la Familia Vicenciana en la ONU estamos creando oportunidades para que los diferentes miembros de la Familia puedan venir y experimentar la clase de trabajo que hacemos aquí. Un importante grupo objetivo para nosotros son los jóvenes miembros de nuestra Familia. Este año hemos tenido ya estudiantes de la Universidad DePaul y la Universidad de St. John, que vinieron de viaje, para orientaciones o para participar en diferentes eventos. Este es un artículo que Jackeline Martínez, una estudiante de DePaul que nos escribió después de su experiencia en la ONU. Jacqueline es actualmente estudiante de último curso de la Universidad DePaul, donde realiza estudios en Economía y Políticas Públicas. Después de su graduación, Jacqueline espera realizar un doctorado para poder servir como defensora de la Declaración Universal de Acceso a la Educación y la Igualdad, mientras hace prácticas como abogado internacional de derechos humanos. [Guillermo Campuzano, C. M.]

El poder indispensable de la historia
Por: Jacqueline Martinez

Recuerdo visitar a mi abuelo cuando era más joven. No se puede describir con palabras la alegría que sentía en esas épocas del año. Un sol resplandeciente, risas, la fila iridiscente de los árboles del abuelo que dan fruta madura y el penetrante zumo de granada en mi boca eran todos los recuerdos que se quedaban conmigo cada verano, cuando visitaba México. Pero, a medida que maduro con los años, me doy cuenta que, cuando niña, se hacía cada vez más real que la realidad era un retrato invisible que se manifiestaba en cada una de mis visitas, en formas de pobreza, lucha por la supervivencia, y el pueblo mismo. La debil cabaña, los niños pidiendo alimento, los hombres y las mujeres trabajando largas horas en puestos de trabajo agotadores por un pago ínfimo, fueron todos eventos que han cambiado firmemente mi estado de ánimo. Aunque mi México es hermoso de muchas maneras, la sombra de la población humilde sigue siendo dominante.

Reconociendo la desigualdad de oportunidades, mi abuelo decía a menudo que, a pesar de que no era un hombre rico, había dado a sus nueve hijos la fortuna más grande del mundo: la educación. Viendo al conocimiento y la oportunidad como un gran ecualizador, la educación sirve como un pasaporte para el futuro, un billete de ida que permitiría a sus nueve hijos la oportunidad de viajar mucho más allá de las limitaciones de su crianza.

Luchando con su muerte a una edad temprana, la historia de mi abuelo me retó y me cambió. Su vida y amor siguen enseñándome. Su vida fue lo que pensamos que debería haber sido, ni tampoco lo fue su muerte. Sin embargo, estoy agradecida por su presencia en mi vida mientras anhelo continuamente dar honor a su memoria a través de mi compromiso con la erradicación de las injusticias económicas y la epidemia de las desigualdades humanas que existen en todo el mundo.

Al comprender la raíz de mis luchas, aspiraciones y limitaciones familiares, siempre he anhelado viajar por el mundo en busca de otras historias que quedan a menudo sin ser escuchadas, preguntando el duraredor interrogante vicenciana: «¿Qué debe hacerse?». Así que ahorré y pedí prestado dinero, compré el billete de avión más barato que pude encontrar, y me aventuré a participar en la Delegación de la Juventud 2016 de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York. La Asamblea de la Juventud en las Naciones Unidas es una plataforma única creada para fomentar el diálogo y generar asociaciones entre la juventud destacada, altos funcionarios y personal de las Naciones Unidas, el sector privado y la sociedad civil. La Asamblea de este año 2016 en las Naciones Unidas se centró en el papel de los líderes juveniles y de los profesionales en la aplicación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible 2030.

Durante mi experiencia en Nueva York he tenido el privilegio de hablar con líderes mundiales que contribuyen al esfuerzo del desarrollo tanto nacional como internacional. En el proceso, conocí jóvenes con una formidable voluntad de luchar por el progreso de sus comunidades; su lucha es permanente, y en muchos países, se está ganando. Estos líderes visionarios, jóvenes y mayores por igual, reciben su fuerza de la constatación de que el progreso nace desde dentro; la reforma comienza sólo después de entender el carácter de su comunidad, sus retos únicos y potencial para superarlos.

Rodeado por líderes impulsados por esta causa, durante dos días, me encontré con personas que tenían una visión firme de lo que querían lograr, un compromiso inquebrantable con esa visión. Viajando por Estados Unidos para encontrar nuevas maneras de hacer avanzar estas visiones, inspiran en cada mesa redonda, diálogo y conversación con una dirección clara y enfocada. Inmersa por estas conversaciones, mi tiempo en las Naciones Unidas me enseñó lecciones valiosas en el liderazgo, que continuarán dando forma a mi trayectoria como servidora pública. Los verdaderos líderes, he aprendido, tienen corazón, un noble propósito y una sed de aprender del mundo que les rodea. Reciben la fuerza no sólo desde dentro, sino también de las influencias que les rodean, lo que les permite efectuar cambios en el resto del mundo.

Innovador, apasionado, y alimentada por las buenas intenciones, mi deseo de servir como una catalizadora de igualdad y oportunidades ha experimentado un buen término con el tiempo, he ganado nuevas experiencias, asumido riesgos, y he tenido el privilegio de conocer gente inolvidable de todo el mundo. Con experiencias como mi participación en la Asamblea de Jóvenes de las Naciones Unidas de 2016, sigo comprometida con la erradicación de las injusticias globales, elevando la comprensión cultural y la reciprocidad, así como la protección de las voces vitales de aquellos a los que están a menudo no se oye.

Mi decisión de unirme a la lucha por el avance de los derechos de las personas en situación de pobreza extrema es una decisión que es paralela a mi misión personal de erradicar las injusticias globales, de elevar el entendimiento cultural y la reciprocidad, así como de arrojar luz sobre las voces vitales de aquellos cuyas historias a menudo no son escuchadas. Complejas, poderosas, y, sin embargo, muchas veces no contadas, es crucial para nosotros reconocer el rol emergente de una multitud de historias y perspectivas en todo el mundo. Después de todo, al igual que las historias de la gente que tuve la suerte de conocer, creo que es el indispensable poder de contar historias lo que ayuda a humanizar nuestro mensaje al mundo.

Etiquetas: ONU

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