Personas, rostros, nombres, historias

por | Abr 19, 2016 | El Papa, Noticias | 0 comentarios

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El Papa Francisco ha visitado este fin de semana el campamento de refugiados de Lesbos, en Grecia, junto a los líderes de la iglesia ortodoxa, Bartolomé de Constantinopla y Jerónimo II, arzobispo de Atenas.

La noticia no ha pasado desapercibida en los medios de comunicación europeos, aunque no se le haya dado, en muchos casos, la categoría de titular principal en los rotativos. No se han hecho esperar, tampoco, algunos comentarios negativos —e incluso xenófobos— en los usuarios de los rotativos digitales europeos, que reclamaban unas políticas más duras de alojamiento y retorno de los refugiados a sus áreas de origen, además de exigir a la Iglesia que fueran ella quien acogiese a los inmigrantes. Pero reflexionar sobre estos comentarios anónimos requeriría mucho más espacio y me alejaría de la noticia principal.

El éxodo de los refugiados sirios es una catástrofe mundial, la peor catástrofe desde la Segunda Guerra mundial. Sin duda, es también un reto a la solidaridad mundial y a la construcción de una Europa —y un mundo— pluricultural y concienciado con los problemas que sufren los pobres.

francico lesbos fb

El Papa, nuevamente, no ha querido ser ambiguo ni tibio: y, predicando con el ejemplo, ha ido a uno de los sitios más vergonzosos que ha provocado este desastre global: a Lesbos, en Grecia, donde miles de refugiados se amontonan sin servicios básicos, sin la más mínima atención a su dignidad como ser humanos. Los gobiernos europeos miran a otro lado. Son las ONGs y la Iglesia, como en tantas ocasiones, las que se dedican a paliar sus necesidades y denunciar las injusticias que allí se viven. No deja de ser significativo el “lavado de cara” que las autoridades dieron al campamento previa la visita del Santo Padre; pero, por mucha pintura que utilicen, por muchos alimentos que repartan ahora, no se puede ya tapar la vergüenza, la falta de derechos y el desamparo que han sufrido los refugiados. El mismo Francisco dijo a su llegada al puerto de Mitilene, en Lesbos: “La preocupación de las instituciones y de la gente, tanto aquí en Grecia como en otros países de Europa, es comprensible y legítima. Sin embargo, no debemos olvidar que los emigrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias”.

También es significativo que el papa estuviese acompañado por patriarcas de la Iglesia Ortodoxa, Bartolomé y Jerónimo, como queriéndonos decir que, en el servicio a los pobres, encontraremos la verdadera unión de las Iglesias cristianas y el auténtico ecumenismo.

Las palabras pronunciadas por Francisco y los patriarcas son duras, un grito profético de denuncia ante la injusticia, y no deben de caer en el olvido. Más allá de las creencias y orígenes de los refugiados, el grito de los pobres, miles de ellos muertos en la travesía, es un clamor al cielo que exige reparación y respuesta: “La opinión mundial no puede ignorar la colosal crisis humanitaria originada por la propagación de la violencia y del conflicto armado, por la persecución y el desplazamiento de minorías religiosas y étnicas, como también por el despojo a familias de sus hogares, violando su dignidad humana, sus libertades y derechos humanos fundamentales”.

Su visita estuvo llena de gestos: de escucha, cercanía y ternura. Vimos al papa con gesto serio ante la injusticia, y cercano y lleno de ternura hacia las personas necesitadas.

francisco lesbos 2

No estamos hablando de un tema de caridad, sino de justicia. Nuestros representantes están mirando a otro lado, y el pueblo se lo estamos consintiendo. Las promesas se ahogaron en los despachos de la comunidad europea y mundial y, sobre todo, en los mares donde tantos miles murieron por buscar un refugio seguro de las guerras.

Las imágenes hablan solas. Si no las has visto, no dejes de hacerlo. Poco importan las palabras y los discursos. También puedes fácilmente encontrarlos en tu idioma, buscando en Internet. Pero el llanto del muchacho que se hinca de rodillas ante el Papa y le pide a voz en grito: «Bendíceme, bendíceme», o las lágrimas de la niña que se tira al suelo y se pone a besarle los pies, mientras el Papa se inclina para levantarla… eso no se halla en las palabras… son las imágenes las que nos descubren la vergüenza de la injusticia que rodea a los pobres, mientras tantos de nosotros vivimos una vida más o menos cómoda.

Y los Vicencianos, ¿qué tenemos que decir y hacer ante todo esto? ¿Estamos ahí, también?

Vuelve a ver las imágenes de la visita:

Ceremonia de bienvenida:

Visita al campo de refugiados de Mòira:

Encuentro con la comunidad católica:

Ceremonia de despedida:

Javier F. Chento
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