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La misión de Sor Rosalía Rendu en la revolución de 1848

Podríamos decir que la beata Rosalía Rendu (1786-1856) fue la primera consejera espiritual de la Sociedad de San Vicente de Paúl, cuando ayudó a Federico Ozanam y sus amigos a comenzar el trabajo de la SSVP en los suburbios de París, en 1833. La hermana Rosalie, Hija de la Caridad, era una especie de Madre Teresa del siglo XIX.

En el artículo de hoy vamos a analizar su actuación durante la sangrienta revolución de 1848 en Francia, que enfrentó a la burguesía, a los propietarios y a los pobres en una lucha por el poder. ¿Qué hizo que esta hermana en este período que marcó para siempre la historia de la Caridad?

Para responder a esta pregunta es importante recordar que muchos años antes de la Revolución de 1848, sor Rosalía ya realizó un gran trabajo de ayuda en el pobre barrio parisino de Mouffetard, ayudando a niños y pobres. Generaciones fueron ayudados por ella, pero las condiciones económicas no mejoraban. Las crisis alimentarias entre 1845 y 1847, la reducción de los salarios en las fábricas y el desempleo llenaban de descontento principalmente a los sectores más pobres de la sociedad francesa.

Poco a poco fue creciendo el descontento contra el rey Luis Felipe, llamado el rey burgués y se organizaron corrientes revolucionarias que querían el cambio. Las dos principales fueron la burguesía industrial y los trabajadores. Después de alcanzar el derecho al voto, la burguesía industrial se calmó. Pero los trabajadores no lo hicieron. Querían la caída del rey y la proclamación de una república.

La revolución de 1848 se llevó a cabo en dos fases: la de febrero y junio. En febrero, el rey Luis Felipe abdicó e instaló un gobierno republicano provisional. En junio, asustado por el éxito de la revuelta popular y la demanda de los pobres de más espacios políticos y económicos, ya que incluso con el cambio de gobierno la crisis no se había terminado, la burguesía y los terratenientes campesinos se enfrentaron con los trabajadores, la mayor parte con influencia socialista. Comenzó una sangrienta disputa en Francia.

Rosalía estaba presente en las barricadas de la Revolución de 1848 en París, llevando ayuda a los heridos de guerra, sin distinción del lado al que pertenecían.

En un determinado momento de la Revolución, recibió un comunicado de los legalistas de que si los rebeldes no se rendían en dos horas en el distrito donde estaba la casa de las hermanas, habría una dura batalla y que, por eso, ofrecían ayuda para acompañar a las Hijas de la Caridad a un lugar seguro. Sor Rosalía les dio las gracias, pero dijo que ella y las otras hermanas preferían morir junto a los pobres a los que servían.

En otra ocasión, ocurrió lo contrario. Un oficial de policía estaba siendo perseguido por los insurgentes y buscó refugio en la casa de las hermanas. Dejándolo entrar, Rosalía fue al jardín y habló con los insurgentes: “¡Aquí no se mata! En nombre de mis 50 años de dedicación a ustedes, sus esposas y sus hijos, les exijo la seguridad del policía”. Y el hombre se salvó.

Los testimonios que se llevaron a su beatificación, el 9 de noviembre de 2003 cuentan que Rosalía subía a las barricadas y exigía que parasen los disparos. Su actitud, los gestos y exhortaciones fueron comprendidas y así se salvaron muchas vidas.

La revolución de 1848 la ganó oficialmente el Partido del Orden, representante de la burguesía y los propietarios. Los dirigentes obreros fueron detenidos. Ahí comenzó otra pelea de la hermana Rosalía, para liberar a las personas que habían sido encarceladas injustamente. En una carta que escribió a la madre del general Cavaignac, líder de los ganadores, Rosalía pedía la liberación de los hombres que eran los únicos responsables del sustento de sus familias.

Después de la revolución de 1848, se estableció el sufragio universal y, en las elecciones, el general Cavaignac fue derrotado por Luis Bonaparte, sobrino del antiguo emperador Napoleón Bonaparte. El ganador tenía los votos de los obreros y campesinos que habían sido beneficiados a principios de siglo por su tío.

Podemos ver en este artículo el papel principal, en este período turbulento en la historia de Francia, de una sencilla hermana vicenciana, una Hija de la Caridad. Qué hermoso es ver que el carisma vicenciano es un fuego arde y quema los corazones, que preserva vidas, que busca la justicia y la paz. ¡Sor Rosalía Rendu es otra de las almas vicencianas que Dios dio al mundo para que fuese mejor! ¡Viva la beata Rosalía Rendu!

Autor: Thiago Tibúrcio
Fuente: ssvpbrasil.com.br

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