Santa Isabel Ana Seton afirma que, al entregarlo todo completamente a Dios, uno nunca queda vacío: o se recibe lo que se desea, o se experimenta una paz profunda como consuelo. Esta entrega total, nacida del sufrimiento y la fe, revela que la verdadera paz no depende de los resultados, sino de la confianza radical en la Providencia divina.













