Seguir al papa, como hizo santa Isabel Ana Seton

por | Mar 31, 2023 | Formación | 0 comentarios

Se rinde homenaje a san Pedro porque, a pesar de sus debilidades, amó y siguió a Jesús, y se convirtió en el primer papa. Santa Isabel Ana Seton también eligió un camino difícil, cuando respondió a la llamada de Dios y entró en la Iglesia católica. Al igual que san Pedro, la humildad de la Madre Seton se convirtió en su mayor gloria.

Crédito de la imagen: Los discípulos Pedro y Juan corriendo hacia el sepulcro la mañana de la resurrección por Eugène Burnand (Wikipedia Commons)

Puede ser difícil seguir a los papas, aceptar directrices ajenas a nosotros y respetar a todos los papas, tanto a los que nos gustan como a aquellos con los que no tenemos una afinidad natural. Santa Isabel Ana Seton podría ser fácilmente la patrona de las personas que deciden seguir al papa incluso cuando es difícil.

Todos los años recordamos al Papa cuando celebramos la fiesta de la Cátedra de San Pedro el 22 de febrero. El año pasado, el día de esta fiesta, mi hija hizo esta observación al respecto en las redes sociales: «Cuando eres tan santo, hasta tu silla tiene un día de fiesta». Eso es en cierto modo cierto y en cierto modo no cierto. En el Vaticano se conserva una silla que utilizó san Pedro, pero el día no trata de esa silla, sino de la autoridad que Cristo concedió al papado.

Silla en latín es cathedra. De ahí vienen las palabras «catedral», que es la sede del obispo, y ex cathedra («desde la cátedra»), cuando el papa emite una declaración importante con la plena autoridad de su cargo.

En la lectura del Evangelio de dicha fiesta, Jesús dice a «Simón, hijo de Jonás» que «tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Te daré las llaves del Reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

El Catecismo dice que esta autoridad ha sido dada a todos los papas desde Pedro en adelante. El papa «es la fuente y el fundamento perpetuo y visible de la unidad» de la Iglesia, explica, y «el Romano Pontífice, por razón de su oficio de Vicario de Cristo, y como pastor de toda la Iglesia tiene un poder pleno, supremo y universal sobre toda la Iglesia, un poder que siempre puede ejercer sin impedimentos».

Pero antes de que Jesús entregue las llaves del reino a Pedro, pregunta a sus Apóstoles: «¿Quién dice la gente que es el hijo del hombre?». Es Pedro quien responde: «Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo».

«Bendito seas», responde Jesús, antes de darle su encargo especial. «Porque no te lo ha revelado carne ni sangre, sino mi Padre celestial».

Pedro se convirtió en líder de toda la Iglesia, pero sólo después de seguir a Jesucristo en nombre de toda la Iglesia.

Es fácil seguir a san Pedro, ya que conocemos y amamos las historias sobre él en la Biblia. Incluso es fácil seguir a un papa que es una figura inspiradora, como lo es el papa Francisco para muchos. Pero es difícil seguir a uno que no nos inspira.

Para una protestante de los primeros tiempos de Estados Unidos era más difícil seguir al papa. En un país que acababa de declararse independiente de una potencia extranjera, el papa era un potentado italiano que vivía al otro lado del mar.

Fue aún más difícil para santa Isabel Ana porque, cuando se convirtió y se hizo seguidora del papa como católica, sufrió personalmente la hostilidad de la gente a la que más quería y respetaba.

¿Por qué lo hizo? Porque «sólo busco a Dios y a su Iglesia, y espero encontrar mi paz en ellos, no en la gente», dijo.

Para sobrellevarlo, rezó una oración del Papa Pío VII: «Que la justísima, altísima y amabilísima voluntad de Dios sea en todo cumplida, alabada y exaltada sobre todo para siempre».

No era a la tierra de origen del papa ni a su personalidad a lo que ella se sometía, sino al origen de su cargo y a la Persona que lo eligió. Ella no era seguidora de gobernantes humanos, sino de Jesucristo y de Su voluntad para Su Iglesia, que incluye el papado.

La relación de Isabel con Cristo la llevó a seguir a Pedro, no al revés. Se volvió literalmente hacia la Iglesia por la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía.

Isabel visitaba la Iglesia Episcopal de San Pablo en Nueva York después de conocer las doctrinas católicas, pero antes de hacerse católica. Esta iglesia está a poca distancia de la iglesia católica de San Pedro. «Me senté en un banco lateral que daba la cara a la iglesia católica de la calle de al lado, y me encontré 20 veces hablándole al Santísimo Sacramento allí… Lágrimas en abundancia, y suspiros tan silenciosos como profundos como cuando entré por primera vez en vuestra bendita Iglesia de la Anunciación en Florencia, todo girando hacia el único deseo de ver el camino más agradable a mi Dios, cualquiera que sea ese camino».

Esta experiencia convirtió a santa Isabel Ana en el tipo de mujer que inspiraba a otros a seguir a Jesús y a su Iglesia. Se convirtió en una gran líder del mismo modo que se convirtió en una gran seguidora. A menudo señalaba a Cristo a su congregación, y a menudo les decía lo mismo que les dijo unos días antes de su muerte: «Sed hijos de la Iglesia, sed hijos de la Iglesia».

Por eso, el papa Benedicto XVI la calificó de «figura altísima» que «con gran tenacidad y previsión, puso los cimientos de lo que hoy es una notable red de escuelas parroquiales que contribuyen al bienestar espiritual de la Iglesia y de la nación».

No sólo eso, la Madre Seton también fundó las Hermanas de la Caridad de San José, la primera congregación de religiosas creada en Estados Unidos, y esas hermanas siguieron adelante y fundaron más escuelas, así como orfanatos, hospitales y otros ministerios.

Lo que empezó con humildad y sufrimiento se convirtió en la mayor gloria de santa Isabel Ana Seton.

Siempre sigue la misma trayectoria. Tenemos que humillarnos para seguir plenamente la voluntad de Dios. San Pedro es muy querido porque, a pesar de sus debilidades, lo hizo con éxito.

Lo que importa es la lealtad a Jesucristo en su Iglesia. Bienaventurados los pobres y bienaventurados los mansos, porque de ellos es la gloria del cielo.

TOM HOOPES, autor de The Rosary of Saint John Paul II [El Rosario de San Juan Pablo II], es escritor residente en el Benedictine College de Kansas, donde imparte clases. Antiguo reportero en el área de Washington, D.C., fue secretario de prensa del Presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y pasó 10 años como editor del periódico «National Catholic Register» y de la revista «Faith & Family». Su trabajo aparece con frecuencia en el «Register», «Aleteia» y «Catholic Digest». Vive en Atchison, Kansas, con su esposa, April, y tiene nueve hijos.

Fuente: https://setonshrine.org/

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