Sinhogarismo: nuestra herencia y nuestro desafío

por | Sep 26, 2022 | Formación, Michael Carroll | 0 comentarios

Al aproximarnos a la fiesta de san Vicente de Paúl podemos recuperar fuerzas y sentirnos interpelados por todo lo que hizo san Vicente.

Tal vez no crean que un solo hombre pudiera hacer todo lo que hizo Vicente.

Sólo puedo destacar las cosas increíbles que hizo. Para más detalles, visiten una reciente publicación de mi cohermano y antiguo Superior General Robert Maloney: «Acogiendo al Forastero: San Vicente y las personas sin hogar»

Niños expósitos – Las «13 casas»

La reina Ana de Austria asignó a Vicente un millón de dólares como dotación estable para las misiones de su Congregación en Sedán. Obsérvese cómo aprovechó este dinero.

Vicente eligió utilizar el dinero para construir 13 pequeñas casas cerca de San Lázaro, la casa madre de la Congregación de la Misión. Las alquiló a las Damas de la Caridad para alojar a los niños expósitos.

Pero el número de expósitos no dejaba de crecer y los fondos para atenderlos eran difíciles de encontrar. En 1647, las Damas de la Caridad se plantearon abandonar la obra. Vicente la salvó haciendo un conocido y apasionado alegato, llamando a los expósitos sus hijos.

Finalmente, Vicente asignó a numerosas Hijas de la Caridad el cuidado de los niños expósitos. Describiendo la vocación de las hermanas, escribió,

«Reflexionarán que su ministerio es servir al niño Jesús en la persona de cada niño que están cuidando, y en esto tienen el honor de hacer lo que la Bienaventurada Virgen hizo a su querido Hijo, pues Él asegura que el servicio hecho al más pequeño de sus gentes es hecho a Él mismo«.

¡Obsérvese su genio para la colaboración!

Viviendas para refugiados y personas que huyen de la guerra

Reflexionando sobre las realizaciones de Vicente en Lorena, el historiador Bernard Pujo concluía:

Este apoyo para Lorena es notable por mucho más que la cantidad de ayuda distribuida y el número de personas sufrientes ayudadas. Fue el primer intento de una asistencia organizada para toda una región. Sin haber recibido ningún encargo específico, Vicente de Paúl asumió el papel de un secretario de estado para refugiados y víctimas de la guerra. Yendo mucho más allá de las responsabilidades que se podían esperar de él, como superior dela Congregación de la Misión, se puso él mismo, a iniciativa propia, en un papel nacional«.

A partir de 1639, Vicente consiguió suministrar a Lorena una ayuda de más de 60 millones de dólares y más de 38.000 yardas de diversos tejidos. Recaudó fondos, inicialmente de las Damas de la Caridad, y acabó obteniendo aportaciones de las más altas autoridades. El rey Luis XIII hizo una donación de 1.800.000 dólares.

Obsérvese que la confianza en él llevó a que personas adineradas le confiaran ayuda.

Refugio, ropa y comida para los que vivían en las calles de París

Vicente escribió a uno de sus sacerdotes, describiendo la situación:

«Aquí tenemos más problemas que nunca. París está llena de gente, pues el ejército ha obligado a las pobres gentes del campo a que venga a refugiarse aquí. Todos los días se tienen reuniones para ver cómo se les puede ayudar; se han alquilado algunas casas de los suburbios, en las que se ha alojado una parte, especialmente las jóvenes pobres».

El «Hospicio del Nombre de Jesús»: Vicente, a los 72 años, llevaba a cabo programas de ayuda masiva, proporcionando sopa dos veces al día a miles de pobres en San Lázaro y alimentando a otros miles en las casas de las Hijas de la Caridad. Organizó colectas, reuniendo cada semana entre 5 y 6 mil libras de carne, entre 2 y 3 mil huevos y provisiones de ropa y utensilios. Proporcionó alojamiento a los desplazados.

Obsérvese cómo abordó las necesidades inmediatas

Formación laboral y de fe para los que vivían en circunstancias desesperadas

Las «Pequeñas Escuelas»: Aunque la terminología «cambio sistémico» era desconocida para Vicente y Luisa, ambos reconocieron, a un nivel básico, que la educación y la formación laboral eran extremadamente importantes para transformar las vidas de los sin techo y los pobres.

Vicente y Luisa de Marillac estaban profundamente comprometidos con la educación y la formación moral de los jóvenes que vivían en las calles o en condiciones precarias. Querían que desarrollaran las habilidades necesarias para conseguir un empleo. Por eso, con el apoyo de Vicente, Luisa fundó las «petites écoles» (pequeñas escuelas) e hizo de la instrucción de los jóvenes pobres una de las principales obras de las primeras Hijas de la Caridad.

Recordemos que estos son sólo los «puntos destacados». ¡Realmente es un historial asombroso de ayuda directa y soluciones a largo plazo!

Tal es nuestra herencia… ¡y nuestro desafío!

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