Muerte y Resurrección

por | Mar 29, 2021 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

¿Qué es la muerte para los católicos? Esperanza de vida eterna, debiéramos contestar, el retorno a la casa del Padre, el encuentro con el amor infinito, el éxtasis de ver por fin la cara de Jesús, el cumplimiento de la promesa de resurrección. Todo es verdad, por eso los santos incluso la desean, quisieran que se les regalara el adelanto a este encuentro.  ¿Quién no desea por fin sentir paz, perdón, el amor más puro y misericordioso, vivir en el cielo cerca del Padre? Es el mismo Jesús, como siempre, el que nos enseña con el ejemplo que la muerte es pasajera, que la tristeza de su partida, vivida por los apóstoles era innecesaria, si ellos hubieran sabido lo rápido que lo iban a ver de nuevo no hubieran sentido ningún duelo. Jesús no solo regresó, sino que trajo consigo al Espíritu Santo, el soplo divino de vida para compartirlo con ellos y renovarlos. Las horas tristes fueron en realidad  pocas antes de que las mujeres lo vieran en el sepulcro.

Sin embargo, todos sufrimos la muerte de un ser querido, no solo es inevitable el dolor, sino que es un dolor que quema, abraza, oprime el pecho, corta la respiración, merma la energía, cambia el color del mundo que nos rodea por un tiempo. Cuántos familiares, amigos, conocidos han fallecido en este tiempo de pandemia, muchos, las historias parecen no terminar y el consuelo a veces parece no llegar. Pero tarde o temprano llega, regresa la calma, vuelve el aire al cuerpo, aparece la resignación, se vive el duelo porque además se debe de vivir para poder sanar.  Si hemos tenido la desgracia de perder un ser querido, no hagamos a un lado la tristeza, más bien dejémosla salir el tiempo necesario y permitamos que la restauración vaya llegando a su propio ritmo.  Pero centrémonos en la enseñanza de Jesús, la resurrección llega pronto, los volvemos a ver, compartiremos con ellos la vida eterna así que estamos separados muy poco tiempo en realidad. Y ellos están en el mejor lugar, rodeados de la luz más brillante y el amor más grande que existe. Nuestra fe transformará el duelo de su partida en la alegría de su resurrección y de la nuestra. Nunca olvidemos que somos creados a imagen y semejanza de Dios, así que esa chispa divina que hay dentro de cada uno busca por naturaleza su retorno a casa y ellos ya llegaron.

Pidamos la fortaleza y el consuelo del Espíritu Santo, vivamos esta Semana Santa centrados en la Resurrección que es lo que identifica nuestra fe, es nuestra esperanza y alegría, por eso el Domingo de Resurrección es la fiesta más importante de todas.

Erika Warnholtz C.

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