Bondadoso poder que nos da esperanza

por | Jul 16, 2020 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es bondadoso y rico en misericordia. Nos brinda la dulce esperanza de salvacion, paz y seguridad.

No hay mal que por bien no venga. Y es la verdad en cuanto al mal que el diablo introduce en el mundo bueno que creó Dios. Pero el bondadoso Hijo del Hombre no se molesta demasiado. Es que sabe antes que Pablo que todo le sirve para el bien, pues, ama a Dios (Rom 8, 28).

Y sirve también de oportunidad el caos que siembra el diablo. Pues es por eso que se nos revela lo bondadoso, moderado e indulgente que es el Dios justo y fuerte. Y feliz la culpa de Adán; debido a ella se nos da Jesús. Éste no se avergüenza ni de llamarnos hermanos (Heb 2, 11). Ni de tener por antepasados a personas no del todo buenas.

Así pues, de igual forma, se nos revela la gracia, el amor, de Jesús. A esa gracia da paso el aumento exponencial del pecado. Y tal amor remedia los males y suple lo que hace falta.

Y el que es el reflejo de la gloria de Dios nos alumbra también. De esta forma, por lo tanto, el Hijo nos enseña y nos contagia lo propio del Padre.

Lo propio del Padre es ser bondadoso, sabio, benigno y paciente. Y a él, Poder Justo, pues, nos encomendamos. Aunque, —o mejor dicho, porque—, somos pequeños, débiles e insignificantes. Pues huiríamos de Dios si fuera un prepotente, si se abusase de su poder o se jactase de él.

La prueba del poder está en el acto bondadoso en favor del prójimo. A éste lo siembra Dios en el sendero.

Pero es también debido a nuestra pequeñez, debilidad e insignificancia que nos ayuda el Dios bondadoso. Y aun asocia su reino con lo pequeño y lo poco.

No, no importa lo que seamos. Pues solo cuenta el que se llama «Yo soy el que soy». Es por eso que no es de los con pretensiones de omnipotencia. Dicen: «Yo solo y nadie más» (Is 47, 8. 10) y son tiranos. Es su forma de encubrir la inseguridad.

Y no es siempre asombrosa la forma por la que se nos distingue por discípulos del que da a conocer al Dios bondadoso. Basta una sonrisa cordial, un gesto dulce, una palabra buena o un acto bondadoso (SV.ES IX:916). O un abrazo para un nieto que pregunta: «¿Hasta cuándo durará COVID-19?». Pues todo esto puede ser de lo pequeño o lo poco del comienzo del imparable reino de Dios.

Señor Jesús, ojalá nos acostumbremos a evitar la dureza y practicar la paciencia. Y concédenos ser fieles en lo pequeño y lo insignificante, para luego ser fieles también en lo grande y lo importante. Haz que nuestra participación en la fracción del pan nos lleve a una vida de virtud y de compromiso bondadoso y pleno.

19 Julio 2020
16º Domingo de T. O. (A)
Sab 12, 13. 16-19; Rom 8, 26-27; Mt 13, 24-43

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