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Carta de Navidad 2019 del Hno. René Stockman, Superior General de los Hermanos de la Caridad

por | Dic 22, 2019 | Formación | 0 comentarios

Con ocasión de la festividad de Navidad y el Año Nuevo, el Hno. René Stockman ha escrito su tradicional Carta de Navidad:

Queridos hermanos,

Estimados miembros asociados, personal y voluntarios en el apostolado,

Con ocasión de las festividades navideñas, os deseamos toda la paz que brilla en el pesebre de Navidad y también la esperanza que vino al mundo con el nacimiento del Salvador. Entremos en el nuevo año con esta paz y esperanza en nuestros corazones, y seamos nosotros mismos portadores de esta paz y esperanza.

El domingo, 17 de noviembre, la Iglesia celebró la Jornada Mundial de los Pobres. Tuve la oportunidad de asistir a la celebración de la Eucaristía en la Basílica de San Pedro en Roma, presidida por el papa Francisco. En su homilía hizo una apasionada llamada a cambiar de verdad nuestra mentalidad y prestar más atención a los pobres en nuestras vidas. Junto al altar estaba la estatua de Nuestra Señora de los Pobres de Banneux (Bélgica), con la que, como congregación, compartimos un vínculo especial a través de nuestro centro en Gatagara (Ruanda), donde conmemoramos el centenario del fundador, el Abbé Fraipont, que murió en 1982 y cuyo deseo era que continuáramos su atención a las personas con discapacidades. Desde entonces, Gatagara ha sido una de las joyas de nuestras obras apostólicas.

A mi lado se sentaba un anciano sacerdote suizo; cuando me presenté, me dijo espontáneamente: «Eso significa que hoy es también su fiesta, como Hermanos de la Caridad». No nos conocía, pero pensaba que nuestro nombre resultaba suficientemente claro como para saber quiénes éramos. Fue una sentencia que me acompañó durante toda la celebración de la Eucaristía y que, incluso, me molestó un poco, y me pregunté si realmente podíamos considerar esta Jornada Mundial de los Pobres como nuestra fiesta, y si éramos dignos de nuestro nombre.

En su homilía, el Papa subrayó que los pobres son, tan a menudo, oprimidos y olvidados hoy día porque queremos ver todo de manera eficiente y sólo vivir de certezas hechas por nosotros mismos. Se evita cualquier cosa que amenace con perturbar esta eficiencia y esta certeza. Por supuesto, se refirió a las lecturas del día, en las que Jesús pinta el cuadro de los llamados últimos días, cuando casi todo pasará. «Casi todo», y Jesús es claro cuando dice que se derrumbará el templo y todo lo que la gente ha construido, precisamente por su deseo de eficiencia y certeza. «Casi todo», pues lo que no pasará es Dios mismo y la humanidad. Debemos preguntarnos inmediatamente en qué nos centramos nosotros, los Hermanos de la Caridad. ¿En nuestras obras, nuestras realizaciones, las certezas que queremos desarrollar, o en Dios y el prójimo, los pobres en particular? Existe un peligro real de que en nuestros esfuerzos diarios nos preocupemos principalmente por construir y mantener un reino mundano, mientras que olvidamos que estamos llamados a construir el Reino de Dios, un Reino en el que damos a Dios el papel central y vivimos como el mismo Jesús, que no se preocupó en absoluto por las certezas para el futuro, que no se preocupó en absoluto por construir un reino mundano, sino que se centró únicamente en la voluntad del Padre y en el cuidado del prójimo concreto que se encontró: el pobre, el enfermo, el pecador.

De estas reflexiones podemos aprender algo para nuestra vida de Hermanos de la Caridad, tanto personalmente como a nivel de Congregación, para que la Jornada Mundial de los Pobres sea también nuestra fiesta, o, quizás, vuelva a serlo.

¿No estamos demasiado comprometidos en la construcción y mantenimiento de instituciones donde nos gusta presumir de edificios y números, y donde practicamos la gestión de una manera supuestamente muy profesional? Durante una reciente visita a una de nuestras regiones escuché el comentario de un grupo de miembros asociados que sólo veían a hermanos sentados en sillas ejecutivas y ya no al lado de la cabecera de una persona enferma, mientras que, como miembros asociados, trataban de estar cerca de los pobres de una manera muy simple, pero concreta, cada semana. También es sorprendente la rapidez con la que los hermanos jóvenes sueñan con ocupar un puesto ejecutivo y no siempre por las razones más nobles. Necesitamos directores, por supuesto, muy buenos en eso, cuyo corazón esté en el lugar correcto en el liderazgo. Pero, al mismo tiempo, ¿seguimos estando entre los enfermos, los pobres, los jóvenes? ¿Pueden llegar a nosotros, sabiendo que todo lo demás no es más que un marco para tratar lo esencial: convertirse en un verdadero hermano de los pobres, los enfermos y los necesitados?

¿No estamos demasiado preocupados por nuestras propias certezas, la preocupación de cómo nosotros, como el más pequeño de los Hermanos de la región, tendremos seguridad en nuestra vejez? Una vez más, no es malo tomar medidas apropiadas para esto, pero no debe convertirse en lo único que estamos haciendo. Cierta ocasión, durante una reunión de religiosos en la que se me pidió que diera una conferencia sobre el futuro de la vida consagrada, y a la que llegué un poco antes, fui testigo de una discusión sobre lo que se debería hacer para mantener adecuadamente los cementerios de los religiosos, cuando la congregación ya no existiera. Fue una discusión animada. Una vez más, debemos cuidar nuestros cementerios, pero no debe ser nuestra principal preocupación.

«Casi todo pasará», pero no Dios o la humanidad. Por eso debemos centrar nuestra atención y preocupación inicial en Dios y la humanidad, y todo lo demás debe ser secundario. Para nosotros, los Hermanos de la Caridad, esto significa que, sobre todo, debemos centrarnos en Dios y, como el Hijo de Dios, cuidar de los que sufren, de los pobres, de los enfermos, de los que no cuentan en el mundo. Todo lo demás es de importancia secundaria. Es un verdadero examen de conciencia preguntarnos honestamente dónde está nuestro enfoque. Dios y el hombre, o nuestros edificios, nuestro dinero, nuestro futuro, nuestras certezas que queremos crear. O, como dijo el papa Francisco en su homilía:»El Dios vivo es infinitamente más grande que cada templo que le construimos, y el hombre, nuestro prójimo, vale más que todas las crónicas del mundo. Entonces, para ayudarnos a comprender lo que importa en la vida, Jesús nos advierte acerca de dos tentaciones. La primera es la tentación de la prisa, del ahora mismo. Hay un segundo engaño del que Jesús nos quiere alejar, es la tentación del yo, que nos impide encontrar más tiempo para Dios y para el hermano que vive a nuestro lado. Debemos ser capaces de dedicar tiempo e invertir energía en la calidad de nuestras relaciones con los pobres, los enfermos, tal como Jesús nos ha mostrado. Y debemos abrir constantemente nuestro corazón, dejar de preocuparnos sólo de nosotros mismos y de nuestros propios proyectos y certezas, y transformar nuestro ‘yo’ en un ‘tú’. Los que hablan el lenguaje de Jesús no son los que dicen ‘yo’, sino más bien los que salen de sí mismos, particularmente para dar a los que no pueden pagarles».

Es mi más ferviente deseo, en este fin de año, que, para la Congregación de los Hermanos de la Caridad, cada día sea una Jornada Mundial de los Pobres. El carisma que recibimos a través de nuestro amado fundador es, por tanto, permanentemente relevante: dejar que el amor de Dios brille en la vida de aquellos que no experimentan o no pueden experimentar el amor. En palabras del Padre Triest: «¿No es esto resucitarlos y elevarlos de la profundidad de la muerte, hacer que el sol brille para ellos, crear para ellos un cielo nuevo y una tierra nueva?».

Les deseo a todos una Feliz Navidad y un bendito 2020, con la gracia y la abundante bendición de Dios.

Hno. René Stockman
Superior General
Hermanos de la Caridad

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