No se trata de una broma del estilo «un jesuita, un vicentino y un franciscano se encontraron en la puerta del cielo…». La realidad es mucho más profunda.

Alberto Hurtado es un santo jesuita que se parece mucho a san Vicente. Al menos, eso es lo que yo sentí al leer «Why more U.S. Catholics should know about St. Alberto Hurtado, S.J.” [Por qué más católicos estadounidenses deberían conocer mejor a san Alberto Hurtado, S.J.]. En la celebración de su fiesta, el 18 de agosto, el artículo apuntaba a tres características particulares de la vida de san Alberto Hurtado que los estadounidenses deberían conocer:

  • Su atención a las necesidades materiales de los pobres,
  • Su ferviente compromiso con la justicia para los trabajadores, abordando las causas fundamentales de la pobreza.
  • Su apasionada vida de oración.

Tan diferentes y, no obstante, tan similares

Los tres rasgos son ciertamente similares a los de san Vicente de Paúl. Ciertamente tendrían mucho en común al sentarse alrededor de la mesa celestial, con los pobres que tanto amaban. Para mí, es sorprendente que estos dos hombres vinieran de diferentes partes del mundo, vivieran en diferentes siglos y se alimentaran de diferentes tradiciones dentro de la Iglesia. Sin embargo, sus mantras estaban muy cerca:

  • Seguir a Cristo, evangelizador de los Pobres.
  • Ser otro Cristo.

Para ambos, estos mantras eran en última instancia su camino hacia la santidad.

Mirando más de cerca al Padre Hurtado

Estaba atento a las necesidades materiales de los pobres,

El Padre Hurtado tenía una camioneta y con ella salía de noche en busca de personas necesitadas. Bajaba a los cauces de los ríos, miraba bajo los puentes y recorría las calles de la metrópoli. Le conmovió especialmente la difícil situación de innumerables niños sin hogar. Los vestía, les daba comida y les un lugar donde quedarse.

«Cristo nos sale al encuentro en nuestras calles en la persona de tantos pobres que tienen hambre, expulsados de sus miserables alojamientos a causa de la enfermedad o de la miseria. ¡Cristo no tiene hogar! Y nosotros, que tenemos la buena fortuna de tener uno y tenemos comida para saciar nuestra hambre, ¿qué estamos haciendo al respecto?».

Tenía un ferviente compromiso con la justicia para los trabajadores, abordando las causas fundamentales de la pobreza.

Pero el Padre Alberto Hurtado fue también un incansable crítico de las estructuras de injusticia y un defensor de la Doctrina Social católica. Para él, no era suficiente dar limosna. Hay que trabajar por la justicia. Una vez lo dijo de forma manifiesta:

«Marx dijo que la religión era el opio del pueblo. Pero también sé que la caridad puede ser el opio de los ricos».

Posted by MANOS ABIERTAS on Thursday, August 18, 2011

Su vida de oración era profunda

«Señor, ayúdame a decir la verdad
delante de los fuertes.
Y a no decir mentiras
para ganarme el aplauso de los débiles.
Ayúdame siempre a ver el otro lado de la medalla».

La oración de san Alberto

¿Cómo es nuestro…

  • compromiso con las necesidades materiales de los pobres?
  • compromiso de abordar las causas profundas de la pobreza?
  • compromiso con la oración?

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