Jesús mismo entra por la puerta estrecha. Su ejemplo nos da fuerza para soportar y superar toda estrechez.

Uno pregunta a Jesús: «Señor, ¿son pocos los que se salven?». Es decir, se pregunta si hay anchura o estrechez en la clemencia de Dios.

Contesta Jesús, pero aleja él la conversación de la cuestión de número. Averiguar cuántos se salvarán quizás les interese a los pensadores que encuentran deleitables las interminables especulaciones sobre asuntos religiosos. Pero sirve más para la salvación averiguar y seguir el camino que lleve a la vida eterna.

Así pues, Jesús desafía más bien al que pregunta y a los demás también. Pues les dice: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha … ».

La estrechez de la puerta alude seguramente a la dificultad que la conversión conlleva. Y esto nos remite al Precursor de Jesús. Personas de toda condición acuden a Juan para bautizarse y le preguntan qué deben hacer.

Juan les advierte, entonces, a los que dan por sentada su salvación, por ser ellos hijos de Abrahán, que no estén demasiado seguros de sí mismos. Y les exhorta a las gentes a compartir sus bienes con los necesitados. Por otra parte, les dice a los publicanos y a los soldados que renuncien a toda codicia e injusticia. Y tales maneras de hacer entrega de sí mismo no son fáciles de ninguna manera.

Sí, nos causa dolor, —por recordar el Evangelio del domingo pasado—, ser abrasado por el fuego que prende Jesús para eliminar en nosotros el pecado. Además, amar a Dios significa hacer esfuerzos. Pues hemos de amarle «a costa de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente» (SV.ES XI:733). Amar a Dios no es cuestión solo de tener pensamientos piadosos elevados o de hablar dulce y elocuentemente de Dios. Después de todo, los pensamientos, sentimientos y discursos sobre Dios deben llegar a ser amor práctico y solidario.

La estrechez se ha de superar también.

Además de ser bastante fuertes para soportar la estrechez, también tenemos que superarla. Necesitamos sobrepasar la estrechez de mente, miras o horizonte que lleva al fariseísmo, la autocomplacencia, al racismo y nacionalismo. O podremos vernos arrojados fuera, mientras se sienten a la mesa en el reino de Dios los que a quienes menospreciamos y evitamos.

Señor Jesús, haz que nuestra participación en tu Cena sea una señal efectiva de nuestros esfuerzos por soportar y superar toda estrechez. Fortalécenos para que, contigo, podamos pasar haciendo el bien y así poder entrar por la puerta estrecha.

25 Agosto 2019
21º Domingo de T.O. (C)
Is 66, 18-21; Heb 12, 5-7. 11-13; Lc 13, 22-30


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