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Misioneros al igual que quien los envía

Jesús es modelo del verdadero misionero.  Nos envía a los que nos decimos cristianos como misioneros suyos, en bien de los demás.

Como el Padre lo ha enviado, así también los envía Jesús a sus discípulos.  Es decir, el misionero por excelencia de Dios, a su vez, hace misioneros de sus discípulos.

Y se espera de los misioneros que sean como Jesús.  Imitarán al que no les echa en cara su pusilanimidad a los encerrados en una casa.  Seguirán al que no manifiesta disgusto alguno con los que no entienden la Escritura referente a la resurrección del Mesías.

El Maestro no reprueba tampoco al discípulo que insiste en ver para creer.  Mostrándose comprensivo, más bien, accede a las condiciones que ha puesto Tomás.  Pero no deja de declarar el Resucitado:  «Dichosos los que crean sin haber visto».

Al igual que Jesús, sí, los misioneros infundirán comprensión y comunicarán la paz.  Después de todo, forma parte de su misión la promoción del perdón, de la paz y la reconciliación.

Pero la misión fundamental de los apóstoles, los enviados, los misioneros, es dar testimonio valiente de la resurrección de Jesús.  Les es decisivo, pues, a los que jamás han visto a Jesús contarse entre los declarados dichosos por él.

Y si nos preguntamos si realmente creemos, sin haber visto, que verdaderamente ha resucitado el Señor, ¿cómo lo sabremos?  Se nos indica que los creyentes nos acreditamos por nuestro compromiso en favor de los pobres, en bien de los demás.  Con tal compromiso, nadie ya pasará necesidad entre nosotros.

No, los misioneros según el corazón de Jesús no se encierran en sus intereses.  Buscan, más bien, el interés de los demás.  No se encierran «como en un punto, sin querer salir de allí» (SV.ES XI:397).  Son «misioneros en salida», alentados por el Espíritu, venciendo con su profunda fe al mundo codicioso e injusto.

Señor Jesús, aunque temerosos, igual nos reunimos en tu nombre cada primer día de la semana.  Entra, por favor, y ponte en medio de nosotros.  Que verdaderos misioneros nos hagamos.

8 Abril 2018
2º Domingo de Pascua (B)
Hech 4, 32-45; 1 Jn 5, 1-6; Jn 20, 19-31

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