Este es el tercer trayecto del plan formativo destinado al estudio individual o de grupo que os presentamos en anteriores semanas en “Aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia: Un trayecto formativo”. En ese artículo también se sugirió un “plan de lecciones” para su uso en grupos.

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En las partes anteriores de esta serie vimos cómo una intuición subyacente de Vicente y Luisa parecía expresarse en un cambio estructural, ya reconocido hoy en día en el derecho eclesial, con el nombre de “Sociedades de Vida Apostólica”. La sección segunda nos ofrecía una visión de cómo se desarrolló esto en el contexto de las comunidades de mujeres y hombres que emitían votos privados, en contraposición a los votos formales de los religiosos propiamente dichos.

Incluso antes de que sus intuiciones se concretasen en lo que se convertirían en nuestras actuales “Sociedades de Vida Apostólica”, el carisma dio a luz a las “Cofradías de la Caridad”: grupos de mujeres, verdaderas apóstoles laicas, hoy conocidas como Damas de la Caridad o Asociación Internacional de Caridades (AIC). Ahora, el P. Delgado nos muestra el desarrollo de la intuición de Vicente y Luisa, relativa a una iglesia más misionera y menos clerical.

Muchos han dicho que el regalo más perdurable del Vaticano II es el actual papel de los laicos en nuestra iglesia. Aunque AIC, asociación laica de mujeres —y otros movimientos laicos (como la Sociedad de San Vicente de Paúl) que se fundaron en los siglos precedentes— se extendió a prácticamente todos los países del mundo, a sus miembros se les eguía definiendo en términos negativos, incluso hasta el día de hoy: “Sin votos, no ordenados”.

“Los biógrafos de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac destacan su importante contribución a la promoción de los laicos, y particularmente de la mujer, al apostolado en la Iglesia. Las impresionantes realizaciones vicencianas no se comprenden sin la participación de tantos laicos, hombres y mujeres, en la Misión.

Desde la experiencia vivida por Vicente de Paúl en Châtillon y la fundación de las Cofradías de la Caridad, la imprescindible colaboración de Luisa de Marillac y de otras mujeres en la animación de las Cofradías de los campos y su establecimiento en las parroquias de París, la consolidación de las Hijas de la Caridad y el apoyo de las Damas, jalonan el desarrollo de múltiples y creativas formas de participación de los laicos en la Misión de la Iglesia.
(Ver http://vincentians.com/en/the-present-and-future-of-the-vincentian-spirit/ en inglés)”

A los laicos que han sido reconocidos como Santos, se les agrupa en la incómoda clasificación litúrgica de “ni vírgenes ni mártires” (“nec virgine nec martyres”).

El Código de Derecho Canónico de la Iglesia define a los laicos solamente por exclusión: un laico es un católico que no es un miembro del clero. Hasta ahora, los laicos estaban confinados al papel de pagar, orar y obedecer —expresión aún más abrupta en italiano: “¡Orar, pagar y callar!”

El Decreto del Concilio Vaticano II sobre los laicos fue resultado de la necesidad de definir el papel de los laicos dentro de la iglesia. Cuando se iniciaron los trabajos, antes de la apertura del Concilio, durante las comisiones preparatorias, no había disponible ninguna teología conciliar sobre los laicos. Ningún Concilio, en 2.000 años, había escrito un documento sobre los laicos.

Por lo tanto, se debía escribir un documento, sobre todo porque este Concilio, al redactar la Constitución sobre la Iglesia, había definido a la Iglesia como el “Pueblo de Dios”.

La idea fundamental de que la iglesia es “signo e instrumento” de la salvación de Dios que está actuando en el mundo (LG 1); la noción verdaderamente radical de que todos los cristianos tienen una participación diferente, pero de igual valor, en la misión de la Iglesia (LG, Capítulo II, LG 32); el reconocimiento de que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de la humanidad” son también los de los “seguidores de Cristo” (GS 1); el paso de una comprensión de la revelación como conjunto de proposiciones a una llamada personal a la amistad (DV 2); y la gran sensibilidad hacia la cultura que inspiró gran parte de la reforma de la liturgia (SC 37-40)… todo esto y aún más aspectos están motivados por un espíritu evangelizador y misionero.

En la AIC vimos un cambio: de una Iglesia en la que el elemento clerical-religioso domina, a una Iglesia con un carácter más secular y laico.

Lee esta segunda sección del excelente artículo del P. Delgado, y enumera este y otros aspectos con los que el carisma vicenciano ha contribuido a la Iglesia actual.

Lee esta tercera sección del excelente artículo del P. Delgado, y enumera este y otros aspectos con los que el carisma vicenciano ha contribuido a la Iglesia actual.
A continuación, dedica algún tiempo a reflexionar sobre estas preguntas, mientras ve la presentación de diapositivas a continuación:

  • ¿Cuál es mi reacción ante una iglesia que es más secular y laical en su carácter?
  • ¿Cuáles son las tensiones que observo al reflexionar sobre la misión de los laicos en la sociedad actual?

¡Hasta la proxima semana!

Esperamos que hayan disfrutado de esta colaboración, uniéndose a las fuerzas de la

Os pedimos que cada Vicenciano se convierta en un formador.

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