Ozanam y el cambio sistémico: algunas ideas poco conocidas

por | Jul 13, 2016 | Cambio Sistémico, Formación, John Freund | 0 comentarios

Hay un aspecto de Ozanam que pocos parecen conocer. Sus puntos de vista sobre lo que hoy llamaríamos «cambio sistémico» revelan a un pensador muy profundo y crítico de un enfoque por partes en el servicio a los pobres. Escribiendo en una época de gran agitación social no muy diferente de la nuestra, Federico tiene mucho que decir, y relevante, a las poco profundas discusiones actuales sobre los enfoques de la pobreza. Me he quedado sorprendido por la intemporalidad de la obra de Monseñor Baunard al sacar esto a la luz hace más de 100 años.

Esta pintura, del recientemente fallecido artista austríaco Sieger Köder capta la riqueza de las acciones de Ozanam a favor de los marginados.

Esta pintura, del recientemente fallecido artista austríaco Sieger Köder capta la riqueza de las acciones de Ozanam a favor de los marginados.

Muchos conocen la primera parte de la siguiente cita de Federico. Pero muy pocos conocen la segunda parte, que destacamos aquí en negrita:

“La ciencia del bien social y de las reformas benéficas se aprende no tanto en los li­bros y al pie de la tribuna política, como subiendo las escaleras de la casa del pobre, sentándose a su cabecera, sufriendo el mis­mo frío que él, penetrando en el secreto de su atribulado cora­zón y de su conciencia desgarrada. Cuando se ha estudiado así al pobre en su casa, en la escuela, en el hospital, en el taller, en las ciudades, en el campo, en todas las condiciones en que Dios lo ha colocado, sólo entonces, poseyendo todos los elementos del formidable problema, empieza uno a dominarlo y puede pensar en resolverlo.” (Baunard p. 227)

Pocos parecen saber que Federico era editor de un periódico que, incluso para los estándares de hoy en día, se llamaría progresista. Una vez más, el destacado académico Baunard observa sobre este periódico que

al igual que la Sociedad de San Vicente de Paúl se acercaba a la mi­seria para auxiliarla, La Nueva Era, simultáneamente, se dirigía a la caridad para provocarla y alentarla. Ocho días después de la insurrección de junio, el 3 de julio, una carta de Ozanam decía:

“La Nueva Era ocupa ahora la mayor parte del tiempo que me dejan libres los exámenes de bachillerato. En 10 días, le he enviado cinco artículos”.

Se arrebataban esos artículos tan luego como se habían publicado:

“Tenemos —dice— el consuelo de hacer un po­co de bien; pues en las calles de París se han estado vendiendo hasta ocho mil ejemplares diarios”.

Esos artículos, que gozaban de inesperada popularidad en los arrabales, se dirigían por aquel entonces a los insurgentes desarma­dos,

“para hablarles sin miramientos, pero sin irritarlos, y para enseñarles a conocer mejor, en lo sucesivo, a los grandes culpables que los habían engañado. La gente de bien alabó la firmeza de nuestras palabras —añade Ozanam— y nos hizo el honor de encontrar en ellas cierto calor del corazón y una sincera pasión por los intereses del pueblo”.

Unos meses después, Ozanam pide «a esa gente de bien, a todos los buenos ciudadanos» que no disimulen verdades que han dejado de ser peligrosas y quiere dirigirlà ahora una página más conmo­vida que de costumbre, sin temor de que los malvados se apo­deren de ella y la usen para cargar los fusiles de las barricadas”.

Baunard apunto sobre lo que hablaría Ozanam con los contemporáneos de Baunard [de nuevo, énfasis añadido]

un enemigo que, lejos de estar vencido y aplastado, se yergue más terrible y amenazador que nunca: la Miseria. La mi­seria de los doscientos sesenta y siete mil obreros de París sin tra­bajo, en particular la miseria del distrito XII, uno de los baluar­tes de la insurrección. Ozanam lo describe en todo su horror y su dolor; pero dice también sus virtudes ocultas, su cristianismo inconsciente, pero vivaz; logra provocar lágrimas y admiración.

Tras este cuadro desgarrador de la miseria, el artículo busca sus causas: causas morales cuya preservación y remedio sería «la reforma de las costumbres, no tanto por la legislación como por la educación: la educación cristiana encargada a esos Hermanos y Hermanas capaces de enseñar a los niños del pueblo algo más que a deletrear las sílabas de un periódico y a garabatear con carbón sobre las paredes la orden del día de las barricadas».

Hay también lugar, en esos proyectos de reforma, para las es­cuelas de adultos, las escuelas de aprendizaje, las escuelas de ar­tes y oficios, las bibliotecas populares, los ejercicios militares, las sociedades de emulación y de asistencia mutua.

Ciertamente, ¡plantó las semillas del cambio sistémico!

Los extractos utilizados aquí y toda la obra de Monseñor Baunard se pueden encontrar en el sitio asociado con nosotros «Somos Vicencianos».

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