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¡Ensancha el espacio de la tienda vicenciana!

por | Feb 15, 2016 | Año de la Colaboración Vicenciana, Colaboración, Formación | 0 comentarios

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La Colaboración en la Familia Vicenciana

por: Eli Chaves dos Santos, CM

En este año, el tema para la Familia Vicenciana es la “Colaboración”. Nuestra convicción es que la colaboración entre las varias ramas de la Familia Vicenciana es necesaria para el desarrollo cualitativo y cuantitativo del servicio a los pobres. Hoy en día, en todos los sectores de la vida actual, se estimula y se promueve la colaboración. Se busca desarrollar el trabajo en red, la cooperación entre grupos y personas, optimizando y articulando los recursos humanos y materiales para alcanzar mejores y mayores resultados. La organización y animación de la Familia Vicenciana incluye una búsqueda del aprendizaje y del desarrollo de este espíritu colaborativo desde una perspectiva evangélica, para la dinamización y la eficacia de la caridad y la misión vicentina. La colaboración es una llave indispensable para la fidelidad creativa a la vocación vicentina. Negar o ser indiferente a esta realidad significa mantenerse solamente en los parámetros de «la cultura de siempre», que anula la fuerza del Espíritu Santo, que llama a salir del estancamiento y a construir la identidad vicenciana en íntima relación con las nuevas realidades y retos que la historia presenta.

1. La Familia Vicenciana está llamada, hoy en día, a ser un espacio y un instrumento de colaboración para la revitalización de la vida y misión vicenciana. La colaboración con la Familia Vicenciana y como Familia Vicenciana ayuda a reflexionar y asimilar la vocación vicenciana en sus actuales y nuevas posibilidades y desafíos. Ayuda a promover, entre las ramas, el compartir solidario de los dones y la riqueza de la misión vicenciana en su diversidad, abre perspectivas de revitalización para la vida y misión de las ramas, impulsa nuevas acciones y proyectos conjuntos que cambian la realidad y generan vitalidad vicenciana. Esta dimensión directriz y motivadora de la colaboración sobrepasa las prácticas convencionales, va a más allá de las fronteras de las ramas, requiere una mentalidad participativa, una apertura a nuevas formas de llevar a cabo el servicio de los pobres, una valentía para vencer los miedos, las resistencias y las indecisiones… La colaboración ayuda a mantener el carisma con toda su novedad e invita a cada rama a definir mejor su lugar y su papel dentro de la Iglesia y de la sociedad, identificándose a sí misma como un agente efectivo en el servicio vicenciano a los pobres.

a) La colaboración, tan valorada, estimulada y presente hoy en día en nuestro mundo, tiene una comprensión sobre todo funcionalista, que busca la reorganización administrativa, los resultados y la eficiencia en la producción. La colaboración que la Familia Vicenciana ha de buscar y desarrollar debe ir más allá de la mentalidad funcionalista. Vale para nosotros la palabra del Papa Francisco a los obispos latinoamericanos: “Funcionalismo. Su efecto en la Iglesia es paralizante. Más que estar interesada en el camino en sí, se preocupa de reparar los agujeros del camino. La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale son los resultados cuantificables y las estadísticas. La Iglesia acaba funcionando como cualquier organización empresarial. Aplica una especie de «teología de la prosperidad» a la organización del trabajo pastoral”1. La colaboración encuentra su alma en el misterio de la Iglesia que, por obra del Espíritu, es llamada a construir la comunión dentro de la multiplicidad de dones, personas, grupos y realidades. Esta comunión fundamenta y estimula la colaboración, es fecunda porque las diversas iniciativas se completan y se iluminan entre sí; además, ayuda a cada rama a descubrir sus propios dones a través de la confrontación y del compartir fraterno.

b) La Familia Vicenciana es desafiada a desarrollar su acción colaborativa a partir de la mística vicenciana de misión y caridad, como expresión viva de amor a los pobres. El proceso de colaboración, para no ser funcionalista, necesita ser desarrollado en sintonía con los elementos espirituales que configuran la identidad vicenciana. Llamada a testimoniar el amor preferencial de Cristo por los pobres, la Familia Vicenciana es desafiada a desarrollar una colaboración a partir de las llamadas de los pobres. El trabajo llevado a cabo por San Vicente fue una gran obra comunitaria y participativa, un trabajo en equipo. San Vicente reunió a misioneros y laicos, movilizó y formó a muchísimas personas y supo desarrollar la colaboración para fundar sus instituciones y realizar sus muchos proyectos de misión y caridad. El testimonio de San Vicente invita a una colaboración realizada en la opción solidaria y misionera por los pobres. La colaboración es una expresión y una exigencia de la virtud vicenciana del celo en la evangelización de los pobres.

c) La verdadera colaboración se desarrolla a partir de las actitudes de humildad y de responsabilidad que llevan los grupos y las personas a percibir que “tenemos necesidad los unos de los otros”. No es fortuito que, en toda su vida y obra, San Vicente, maestro de la colaboración, colocase la humildad como virtud indispensable para la vida misionera. La humildad supone un constante vaciarse de sí mismo, de la prepotencia y de la autosuficiencia. Exige una interdependencia entre las personas y comunidades. Nadie se basta a sí mismo; ningún miembro de la Familia Vicenciana, ninguna rama puede considerarse autosuficiente, sin necesidad de ayuda. La colaboración lleva a considerar a los colaboradores como alguien que tiene cualidades y capacidades a desarrollar, y que puede ayudarnos a crecer en la caridad. Una actitud de reciprocidad y de responsabilidad, de interdependencia y de apertura a la colaboración del otro requiere una relación fraterna, sin discriminación ni intereses de poder. El humilde intercambio de dones y la suma de fuerzas ayudan a los grupos y personas a hacerse creativos, a descubrir sus fuerzas y posibilidades, capaces de transformarse a sí mismos y de colaborar para afrontar los retos y alcanzar mejor sus objetivos comunes.

2) Mirando a la marcha de la Familia Vicentina, se constatan muchos desafíos a asumir y muchas prácticas a perfeccionar y a desarrollar, para que la Familia Vicenciana crezca en su tarea de ser una fecunda herramienta de colaboración en el servicio de los pobres.

a) Ampliar el horizonte de la misión vicentina. En tos tiempos de crisis, varios factores y situaciones hacen cada vez más compleja la evangelización de los pobres y crean innumerables problemas que amenazan la estabilidad y la marcha misionera de las ramas. Existe el gran peligro de cada rama cerrarse en sus dificultades y carencias. Este cierre alimenta resistencias y miedos, crea un círculo vicioso que impide encontrar respuestas creativas para los problemas, provoca rigidez y poca flexibilidad para cambiar, estanca y debilita los ideales comunitarios. Es necesario ponerse en actitud de salida y abrirse a la colaboración. De lo contrario, las ramas y sus obras pueden terminar asfixiándose o muriendo de anemia. En esta época de grandes desafíos y nuevas posibilidades, es importante escuchar y acoger la palabra profética de Isaías, dicha durante la crisis del exilio y en la esperanza de la liberación del pueblo de Israel con el adviento del Rey Ciro: “Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54,2-5). La Familia Vicenciana está llamada a ser una herramienta para, con audacia y creatividad, ensanchar la tienda de la experiencia vicenciana, y crear un sentido nuevo y amplio de la misión vicenciana y discernir compromisos comunes para el bien de los pobres, escuchando lo que el Espíritu está diciendo hoy.

b) Asumir una opción responsable y coherente por la colaboración. El Papa Francisco, hablando contra las divisiones y conflictos en la Iglesia y pidiendo un testimonio de comunión fraterna, decía: “Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis… ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto!” (EG, 99) Estamos en la misma familia y nuestro puerto son los pobres. La conciencia de la misión común y de los retos cada vez más inquietantes y comunes debe conducir a la superación de las barreras e intereses ideológicos, culturales y de grupo y promover la ayuda mutua. Necesitamos profundizar el sentido amplio de pertenencia a la Familia Vicenciana y aprender a asumir la colaboración como modo de vida y estrategia de acción.

c) Desarrollar y fortalecer la corresponsabilidad, los procesos y los mecanismos de colaboración. La Familia Vicenciana se reúne con frecuencia y tiene muchas propuestas de acción conjunta. Sin embargo, la gran dificultad es la realización concreta de sus objetivos y sus acciones o proyectos comunes. Para que la Familia Vicenciana funcione efectivamente y no se quede solamente en sus buenos deseos e intenciones, son necesarias decisiones y prácticas concretas y eficaces:

  • La opción por la colaboración supone fortalecer la comunión y la responsabilidad. La propuesta de actuar con la Familia Vicenciana y como Familia Vicenciana necesita ser asumida, apoyada y cuidada por todos sus miembros. Es indispensable que los miembros cultiven el espíritu de comunión y de trabajo en equipo para que el cuerpo tenga una funcionalidad armoniosa y fecunda. Si cada uno sólo piensa en sí mismo, la Familia Vicenciana pierde su fuerza y capacidad de actuar. Es indispensable creer en el valor y la importancia de la Familia Vicenciana, y que cada miembro, cada rama asuma efectivamente sus objetivos, criterios, estructuras y actividades y desarrolle la corresponsabilidad en los compromisos asumidos y en los medios necesarios para su ejecución.
  • La colaboración para el desarrollo del servicio de los pobres es un largo proceso de reflexión, maduración y trabajo. Requiere la definición de metas, o sea, de una agenda común de propuestas y proyectos, a corto, mediano y largo plazo, con políticas y acciones a desarrollar. En una interacción profunda con la realidad de los pobres y de las ramas y con un trabajo constante y determinado, es importante crear y alimentar procesos. Estos procesos constituyen un conjunto de actividades y hechos relacionados entre sí, que crean una dinámica en la marcha de la Familia Vicenciana y que a través del tiempo establecen un orden deseado, o llevan a una nueva manera determinada de ser y vivir. Estos procesos son un conjunto de actividades, en una compleja red de causas y consecuencias múltiples, para establecer las condiciones históricas necesarias para concretar propuestas, transformar la realidad y alcanzar las metas deseadas. Siempre es más fácil y cómodo mantenerse en las propias posturas estáticas e inmutables; al contrario, los procesos requieren valentía y un trabajo duro, coherente y determinado para evaluar, cambiar y tomar decisiones difíciles y sufridas, para que las propuestas puedan avanzar y hacerse realidad concreta.
  • El proceso colaboración propuesto por la Familia Vicenciana no es una acción voluntarista llevada a cabo por unas pocas personas o por los dirigentes de las ramas. Supone la adhesión y la participación activa y corresponsable de las ramas, de sus dirigentes y sus miembros. Por ello, es necesario crear e impulsar mecanismos de colaboración y de participación. Si la reflexión y las propuestas de la Familia permanecen restringidas a unas pocas personas y a las reuniones, ellas no tienen fuerza operativa y no pasan de buenos deseos. Es indispensable crear y animar mecanismos para involucrar a las personas y ramas en una marcha participativa de colaboración. La participación en los varios niveles es indispensable para definir bien las propuestas, discernir los medios y caminos necesarios y comprometer a todos en la realización de los proyectos comunes.

La propuesta de colaboración en la Familia Vicentina es muy rica, pero difícil y desafiante. El Papa Francisco nos advierte: “los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada” (EG, 109). Como Familia Vicenciana necesitamos valorar profundizar y promover la colaboración, sin dejar que las dificultades nos roben este importante instrumento de revitalización de la misión vicenciana de servicio a los pobres.

P. Eli Chaves dos Santos, CM
Roma, enero de 2015

Original en portugués:

A Colaboração na Família Vicentina

«Amplia o espaço da tenda vicentina!»

O tema deste ano para a Família Vicentina é a «Colaboração». Nossa convicção é de que a colaboração entre os vários ramos da Família Vicentina é necessária para o desenvolvimento qualitativo e quantitativo do serviço aos pobres. Hoje, em todas as áreas da vida atual, a colaboração é incentivada e promovida. Procura-se desenvolver o trabalho em rede, a cooperação entre grupos e indivíduos, otimizando e coordenando os recursos humanos e materiais para alcançar melhores e maiores resultados. A organização e animação da Família Vicentina são uma busca de aprendizagem e desenvolvimento desse espírito colaborativo em uma perspectiva evangélica, para a revitalização e eficácia da caridade e da missão vicentina. A colaboração é uma chave indispensável para uma fidelidade criativa à vocação vicentina. Negar ou ser indiferente a esta realidade significa ficar apenas nos parâmetros de «cultura de sempre», que se fecha ao Espírito Santo, que chama a sair da estagnação e a construir a identidade vicentina em estreita relação com as novas realidades e desafios que a história apresenta.

1. A Família Vicentina é chamada a ser um espaço e uma ferramenta de colaboração para a revitalização da vida e da missão vicentina. A colaboração com a Família Vicentina e como Família Vicentina ajuda a refletir e assimilar a vocação vicentina em seus atuais e novos desafios e oportunidades. Ajuda a promover entre os ramos a partilha solidária dos dons e da riqueza da missão vicentina na sua diversidade, abre perspectivas para revitalizar a vida e a missão dos ramos, dá impulso para novas ações e projetos conjuntos que mudam a realidade e geram vitalidade vicentina. Esta dimensão de propulsora da colaboração ultrapassa as práticas convencionais, vai além das fronteiras dos ramos, exige uma mentalidade participativa, uma abertura a novas expressões para executar o serviço dos pobres, uma nova gestão de recursos humanos e materiais, coragem para superar medos, resistências e indecisões… A colaboração ajuda a manter o carisma sempre rejuvenescido e convida cada ramo a melhor definir o seu lugar e papel dentro da Igreja e da sociedade, caracterizando-se sempre mais como um agente efetivo e eficaz de serviço vicentino aos pobres.

a) A colaboração, tão estimulada e presente no mundo atual, tem uma compreensão sobretudo funcionalista, busca prioritariamente a reorganização administrativa, resultados e eficiência na produção. A colaboração a ser buscada e desenvolvida na Família Vicentina deve ir além mentalidade funcionalista. Aplica-se a nós as palavras do Papa Francisco aos bispos da América Latina: “A concepção funcionalista não tolera o mistério, visa a eficácia. Reduz a realidade da Igreja à estrutura de uma ONG. O que importa são os resultados alcançados e estatísticas. A partir daqui se vai a todas as mentalidades empresariais de Igreja. É uma espécie de «teologia da prosperidade» na organização da pastoral”2. A colaboração encontra a sua alma no mistério da Igreja que, por meio do Espírito, é chamada a construir a comunhão dentro da multiplicidade de dons, pessoas, grupos e realidades. Esta comunhão fundamenta e incentiva a colaboração, é fecunda porque as várias iniciativas se complementam e se iluminam mutuamente; também ajuda a cada ramo para descobrir seus próprios dons através da confrontação e de partilha fraterna.

b) A Família Vicentina é desafiada a desenvolver a sua ação colaborativa a partir da mística vicentina da caridade e da missão, como expressão viva de amor aos pobres. O processo colaborativo, para não ser funcionalista, precisa ser desenvolvido em sintonia com os elementos espirituais que compõem a identidade Vicentina. Chamada a testemunhar o amor preferencial de Cristo pelos pobres, a Família Vicentina é desafiada a desenvolver uma colaboração a partir dos gritos dos pobres. O trabalho realizado por São Vicente foi um grande trabalho comunitário e participativo, um trabalho em equipe. São Vicente reuniu os missionários e leigos, mobilizou e formou muita gente e soube desenvolver a cooperação para estabelecer as suas instituições e realizar seus muitos projetos de missão e caridade. O testemunho de São Vicente ilumina o desenvolvimento da colaboração na opção solidaria com os pobres. A colaboração é uma expressão e uma exigência da virtude vicentina de zelo na evangelização dos pobres.

c) A verdadeira colaboração se desenvolve a partir das atitudes de humildade e responsabilidade que levam grupos e indivíduos a perceber que “precisamos uns dos outros”. Não é por acaso que São Vicente, mestre da colaboração, colocou a humildade como uma virtude indispensável para a vida missionária. A humildade supõe um constante um esvaziar-se de si mesmo, da arrogância e da autossuficiência. Requer interdependência entre os indivíduos e as comunidades. Ninguém basta a si mesmo; nenhum membro ou ramo da Família Vicentina pode se considerar autossuficiente, não necessitado de ajuda. A colaboração leva a considerar os colaboradores como alguém que tem qualidades e capacidades para desenvolver e pode nos ajudar a crescer na caridade. Uma atitude de reciprocidade e responsabilidade, interdependência e de abertura à colaboração com o outro requer uma relação fraterna, sem discriminação e interesses de poder. O intercâmbio de dons e a humilde somatória das forças ajudam os grupos e indivíduos a crescer na criatividade, a descobrir seus valores e possibilidades, capazes de transformar a si mesmos, de trabalhar em conjunto para enfrentar os desafios e melhor atingir seus objetivos comuns.

2) Olhando a caminhada da Família Vicentina, se constatam muitos desafios a assumir e muitas práticas a melhorar e desenvolver, para que a Família Vicentina cresça na sua tarefa de ser uma ferramenta de colaboração fecunda no serviço dos pobres:

a) Ampliar o horizonte da missão vicentina. Em tempos de crise, vários fatores e situações tornam cada vez mais complexa evangelização dos pobres e criam inúmeros problemas que ameaçam a estabilidade e o progresso missionário dos ramos. Há um grande perigo de cada ramo se fechar em suas dificuldades e carências. Este fechamento alimenta resistências e medos, cria um círculo vicioso que impede encontrar respostas criativas para os problemas, provoca rigidez e inflexibilidade para mudar e enfraquece os ideais comunitários. É necessário colocar-se em atitude de saída, abrir-se à colaboração. Caso contrário, os ramos e as suas obras podem acabar asfixiando-se ou morrendo de anemia. Neste tempo de grandes desafios e novas oportunidades, é importante ouvir e acolher as palavras proféticas de Isaías, ditas durante a crise do exílio e na esperança de libertação do povo de Israel com o advento do rei Ciro, “Amplia o espaço de tua tenda” (Is 54,2-5). A Família Vicentina é chamada a ser uma ferramenta para, com ousadia e criatividade, alargar a tenda da experiência vicentina, criar um novo e mais amplo sentido da missão vicentina e discernir e assumir compromissos comuns para o bem dos pobres, ouvindo que o Espírito está dizendo hoje.

b) Assumir uma opção responsável e consistente pela colaboração. O Papa Francisco, falando contra as divisões e conflitos na Igreja e pedindo um testemunho de comunhão fraterna, disse: “Que todos possam admirar como vos cuidais uns dos outros, como dais incentivo uns aos outros e como vos acompanhais … Estamos no mesmo barco e vamos para o mesma porto!” (EG, 99) Estamos na mesma família e nosso porto são os pobres. A consciência da missão comum e os desafios cada vez mais inquietantes e comuns deve conduzir à superação de barreiras e interesses ideológicos, culturais e de grupo e promover a ajuda mútua. Precisamos aprofundar sentido amplo de pertença à Família Vicentina e aprender a assumir a colaboração como forma de vida e estratégia de ação.

c) Desenvolver e fortalecer a corresponsabilidade, os processos e os mecanismos de colaboração. A Família Vicentina reúne frequentemente e tem muitas propostas de ação conjunta. No entanto, a grande dificuldade é a realização concreta dos seus objetivos e ações ou projetos comuns. Para que a Família Vicentina colabore de forma eficaz e não fique apenas em seus bons desejos e intenções, são necessárias decisões e práticas concretas e eficazes:

  • A opção pela cooperação supõe fortalecer fortalecimento da comunhão e da corresponsabilidade. A proposta de atuar com a Família Vicentina e como Família Vicentina precisa ser assumida, apoiada e cuidada por todos os seus membros. É indispensável que os membros cultivar o espírito de comunhão e de trabalho em equipe para que o corpo a tenha uma funcionalidade harmoniosa e profícua. Se cada um só pensa em si mesmo, a Família Vicentina perde sua força e capacidade de agir. É essencial acreditar no valor e na importância da Família Vicentina, e que cada membro, cada ramo assuma efetivamente seus objetivos, critérios, estruturas e atividades e desenvolvam a corresponsabilidade diante dos compromissos assumidos e dos meios necessários para a sua implementação.
  • A colaboração para o desenvolvimento do serviço dos pobres é um longo processo de reflexão, de amadurecimento e de trabalho. Requer a definição de metas, ou seja, uma agenda comum de propostas e projetos, a curto, médio e longo prazo, com políticas e ações a realizar. Em uma interação profunda com a realidade dos pobres e dos ramos e com um trabalho constante e determinado, é importante criar e alimentar processos. Estes processos constituem um conjunto de atividades e acontecimentos relacionados entre si, criam uma dinâmica na caminhada da Família Vicentina e ao longo do tempo estabelecem uma ordem desejada, ou levam a uma nova maneira de ser e de viver. Estes processos são um conjunto de atividades, em uma complexa rede de múltiplas causas e consequências, para estabelecer as condições históricas necessárias para implementar propostas, transformar a realidade e alcançar os objetivos desejados. Contra a tendência mais fácil e confortável de permanecer em posições estáticas e imutáveis, os processos exigem coragem e um trabalho forte, coerente e determinado para avaliar, mudar e tomar decisões exigentes e mesmo sofridas, de modo que as propostas possam avançar e se tornem realidade concreta.
  • O processo colaborativo proposto pela Família Vicentina não é uma ação voluntarista leva em frente por algumas pessoas ou pelos líderes dos ramos. Implica a adesão e participação ativa e responsável dos ramos, de seus líderes e seus membros. Por isso, é necessário criar e implementar mecanismos de colaboração e participação. Se reflexão e propostas da Família Vicentina ficam restritas a algumas pessoas ou a reuniões, elas não têm força operacional e não vão além de simples intenções ou bons desejos. É essencial criar e animar mecanismos para envolver as pessoas e os ramos no processo participativo de colaboração. A participação em vários níveis é essencial para definir claramente as propostas, discernir os caminhos e os meios necessários e envolver a todos na realização dos projetos conjuntos.

A proposta de colaboração na Família Vicentina é muito rica, mas é difícil e desafiadora. O Papa Francisco nos recorda: “Os desafios estão aí para ser superados. Sejamos realistas, sem perder a alegria, audácia e a entrega esperançada” (EG, 109). Como Família Vicentina, necessitamos valorizar e promover a colaboração, sem deixar que as dificuldades nos roubem este importante instrumento de revitalização da missão vicentina de serviço aos pobres.

Roma, janeiro de 2015

Notas:

1 Discurso del Santo Padre en el encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM (Río de Janeiro, 28 de julio de 2013).

2 Discurso do Santo Padre no encontro com o Comité de Coordenação do CELAM (Rio de Janeiro, 28 de julho de 2013).

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