“Las almas verdaderamente pobres y deseosas de servir a Dios deben tener gran confianza en que al venir a ellas el Espíritu Santo y no encontrar resistencia alguna, las dispondrá convenientemente para cumplir la santísima voluntad de Dios, que debe ser su único deseo. Y para llegar a ese estado de no-resistencia, es preciso estar, como los apóstoles, en la obediencia, en una confesión verdadera de impotencia y desprendido por completo de toda criatura y de Dios mismo en cuanto a los sentidos, puesto que el mismo Hijo de Dios, que fue quien preparó a los Apóstoles para recibir al Espíritu Santo, los colocó en ese estado, privándolos de su santa y divina presencia con su Ascensión. Y sin duda alguna, al bajar el Espíritu Santo a las almas así dispuestas, el fuego de su amor consumirá todos los obstáculos a las operaciones divinas, establecerá en ellas las leyes de la santa Caridad y les dará fortaleza para obrar por encima del poder humano, con tal de que permanezcan en la total desnudez que se ha dicho” (E 87).

Meditación de santa Luisa.

reflexion-luisa-fb-esp

Reflexión:

  1. Luisa de Marillac había empezado su vida espiritual según enseñaban los espirituales de la llamada Escuela abstracta o Nórdica, considerada por san Vicente de Paúl como una espiritualidad descarnada para que la vivieran las Hijas de la Caridad y para servir a los pobres. Guiada por san Vicente, santa Luisa, en sus años de mujer madura, pasó a la espiritualidad más sencilla del vicencianismo. Pero en los siete últimos años de su vida revive una espiritualidad propia, luisiana, centrada en el Espíritu Santo. Esta meditación pertenece a esa última época de su vida. Sor Geoffre, la Hija de la Caridad que recopiló, transcribió y ordenó sus escritos la tituló, “Pureza de amor necesaria para recibir al Espíritu Santo”. Por eso, se puede dejar que sea la misma Luisa de Marillac quien haga la reflexión con los puntos siguientes:
  2. “El amor que debemos llevar a Dios ha de ser tan puro que no pretendamos, en la recepción de sus gracias más especiales, nada más que la gloria de su Hijo, como este mismo nos lo enseña en la persona de los Apóstoles a quienes, al prometerles el Espíritu Santo, les aseguró que por El sería glorificado.
  3. Esto es todo lo que ha de pretender el alma que ama a Dios, y la mayor dicha que puede obtener es la de cooperar a dar testimonio de la gloria de Aquel, cuya ignominiosa muerte llenó de asombro al mundo. Si como Dios no mereciera ya la pureza de ese amor y ser el único objeto de todos nuestros afectos, habría al menos que rendir a su humanidad santa el deber de la gratitud a la fuerza de su amor.
  4. Bienaventuradas, pues, las almas que ayudan a los demás a rendirle estos deberes y bienaventuradas aquellas, a las que la impotencia las determina a no obrar de otra manera en este asunto y emplean su amor en hacer que el de su Maestro sea el dueño absoluto de su corazón”.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿El amor que tienes a Dios es tan puro que en todo lo que haces solo buscas la gloria de su Hijo? ¿Cuáles son tus ideales en cada momento del día?
  2. ¿Tienes en cuenta que, guiado en todo momento por el Espíritu Santo, debes ser un testimonio para los demás?
  3. ¿Reconoces la presencia del Espíritu Santo dentro de ti? ¿Y sabes distinguir sus inspiraciones de otros pensamientos y deseos?
  4. ¿Por qué no sabemos distinguir las inspiraciones divinas de las tentaciones “del demonio, el mundo y la carne”?

Benito Martínez, C.M.


Tags:

Pin It on Pinterest

Share This