Existen límites a lo que podemos hacer para atender las necesidades de nuestros vecinos. A veces es una simple cuestión de matemáticas: literalmente no tenemos dinero para pagar el alquiler o la factura de la luz. Otras veces, la necesidad exige niveles de especialización que tal vez ningún miembro de nuestra Conferencia posee. Es fácil ver lo que podemos hacer; discernir lo que debemos hacer puede resultar más difícil.











